Neologismos

Neologismos

por Hugo Müller

Los neologismos pueden ser aberraciones del lenguaje: por más que surjan como genialidades equívocas con el transcurso del tiempo se consolidan como palabras corrientes que pervierten la pureza y lirismo del español. Esto no se plantea desde un academicismo pedante o por temor a los neologistas, tampoco por conservar formas arcaicas o querer hacer del idioma algo estático y aburrido, pero la verdad es que cuanto más uno oye hablar a importantes comunicadores y/o “formadores de opinión”, o bien cuando reúne la paciencia para leer sus escritos, más advierte que la lengua española está en decadencia… Pero es importante ofrecer argumentos sólidos:

En general los anglicismos son horrendos, afectan profundamente a la mentalidad y las ideas; el colonialismo cultural que se ejerce a través de los “sory”, “okey”, o con los más sofisticados “meilear” o “tunear” provoca arcadas en quien tiene un mínimo aprecio por su pertenencia a una clase social, por su lugar periférico en el mundo, por querer conservar al menos la crudeza de un español desanglicado. Como se aprecia, el neologismo puede ser introducido en cualquier ocasión, y aquí, el que acabo de inventar tiene un significado obvio: despojado de su fuerza inglesa (más modernamente, estadounidense), aplícase a la deformación de las palabras para hacerlas parecidas al inglés. En otros términos: estamos siendo invadidos por un nuevo modelo de pensamiento que tiene 3 características esenciales: es pragmático, frívolo e insustancial. Entretanto, los “think tanks” de la lengua berreta y barata siguen engendrando monstruosidades como: “¿Qué hacés, man?”

En realidad, todas las palabras, de cualquier idioma del mundo, en su origen fueron un neologismo, aún las divinas, como Dios o Espíritu Santo. Hasta las onomatopeyas pueden constituirse en neologismos de notable belleza o profundo significado. Pruébelo y póngase a pensar: “crrrr, crrrr, crrrr”, “jffff, jffff, jffff”, ¿acaso no hay un trasfondo de rabia y opresión detrás de estas expresiones?, ¿no es posible develar situaciones y circunstancias que configuran la sustancia o la esencia del ser humano a través de esas mínimas manifestaciones que salen por la boca sin vocales?

Y en cuanto a la belleza, “lalaiii lalai lalaiiií lalaii lililailaali” cantado por Marlui Miranda puede transformarse en una experiencia artística y musical inolvidable, de las que dejan huellas en el corazón. Para que se vea que no es tan simple el problema de los neologismos, que no se resuelve con la aceptación de una Academia, o mismo de los usuarios de una lengua, ya que también hay gente que se dedica a asesinar palabras, a vaciarlas de contenido y a transformar el lenguaje en un instrumento de incomunicación. Cuando se trabaja mucho la lengua, cuando se le busca dar vueltas a una situación con palabras, se está perdiendo tiempo y dedicación a cosas importantes. Todos los problemas se pueden resolver sin diálogo, el mundo ya está maduro para aprender esta verdad.

De cualquier modo, en el mundo convulsionado y absurdo en el que estamos insertos nadie puede rebatir que no se le confiere demasiada atención al tema del lenguaje, a sus posibilidades para propiciar la paz entre los hombres. Mucho menos se consideran las cuestiones vinculadas a los neologismos, pero creo que si aún se encuentra alguna esperanza sobre la tierra, ésta se basa en la construcción de neologismos que eliminen los prejuicios y los estereotipos que predominan en las mentes de las personas, particularmente de los negociadores y los generales de los ejércitos. Parte de la misión de los Palabradores consiste en lograr llegar a este público objetivo, y apercibirlo de que si no cambian sus convicciones la vida en el planeta se ha de extinguir en forma irremediable.

Hace tiempo que le vengo prestando atención a la facilidad con que los niños introducen e incorporan neologismos en sus jergas, impresiona la capacidad que tienen para inventar frases incoherentes que, acompañadas de gestos vehementes, logran una recepción adecuada en sus interlocutores. Por su parte, los ancianos, cuando están acompañados de una buena dosis de alcohol, también sueñan y balbucean palabras inéditas, se adelantan a su muerte y logran expresar deseos inconfesados. ¡Qué buena forma de morir, con un neologismo en la boca que trascienda en la posteridad!


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