el barómetro

Cuando era muy joven escuché a mis padres luego de que descubrieron unos cuantos cuentos precoces ocultos en mi cuarto. “¡ESTO ES HORRIBLE! ¡ESTO ES VERGONZOSO!“. Finalmente fui expulsado de su hogar, lo cual fue mi primer golpe de buena suerte. Luego, después de décadas de rechazos a mi trabajo, pude publicar algo por aquí y allá sólo para que los críticos se encolericen por mis esfuerzos.

Bien, mis padres murieron, y ellos tomaron el lugar de mis padres. Acepté la justicia de este hecho. Luego me casé y ahora la escucho a mi suegra cuando le exclama a mi esposa: “¿POR QUÉ TIENE QUE ESCRIBIR DE ESE MODO? ¿POR QUÉ LO HACE?”.

Bueno, vos sabés, las voces pasadas y presentes siempre estarán allí, o con esperanzas, siempre estarán. Cuando se detengan sabré que he perdido mi espíritu, sabré que he perdido contacto con la línea directa a los dioses locos y reidores. Veré mi foto en la tapa de TIME y seré enseñado en las altas escuelas de Inglés junto con Hawthorne y Whittier. Por más que la suegra y muchos otros protesten, sabré que estoy en la pista de una cosa viva y animada. No es que escribo para crear obras grandes y ennoblecedoras, pero si se transforman en eso y finalmente silencian los discordantes bramidos de los idiotas, entonces será mejor que así sean. Los locos a veces crean genialidades por su persistencia y por su horror vomitado hasta vaciarse, injustificado e imposible de mitigar.

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