El León de Verdad

“Sé silencioso para mí, Idolo contemplativo…”

Volví a casa y encontré un león en mi living,

disparé corriendo por la escalera de incendios gritando ¡León, león!

dos estenógrafas tiraron de sus cabellos morochos y golpearon la ventana cerrada,

me apuré hasta la casa de Patterson y permanecí allí dos días.

Llamé al viejo analista Reichian

que me había expulsado de terapia por fumar marihuana,

‘Eso ocurrió’ resoplé, ‘hay un León en mi living’,
‘ne temo que cualquier discusión carecerá de valor’ me colgó.


Fui a lo de mi viejo novio, nos emborrachamos con su novia,

yo lo besé y anuncié que tenía un león con un destello lunático en mi ojo,
nos herimos peleando en el piso, yo le golpeé su ceja, él me pateó,

terminé masturbándome en su jeep estacionado en la calle gimiendo ‘León’.

Encontré a Joey, mi amigo novelista, y exclamé ‘¡León!’,

me miró interesado y me leyó sus espontáneas poesías de alto vuelo,

escuchaba por leones, todo lo que escuché fue Elefante Tigre Hipogrifo Unicornio Hormigas,
pero me figuré que realmente me entendía cuando lo hicimos

en el baño de Ignaz Sabiduría.

Pero ayer él me envió una hoja desde su retiro en Montaña Ahumada,

‘Te amo, pequeño bobo, con tus delicados leones dorados
pero no habiendo Persona ni Barras, creo que el Zoo de tu querido Padre no tiene león,

tú dijiste que tu madre estaba loca, no esperes que produzca el Monstruo para tu Casamiento’.


Confundido, aturdido y exaltado recordé al verdadero león hambriento en su hediondez en Harlem,

abrí la puerta, la habitación estaba rellena con la explosión de su furia,

rugió ávidamente a las paredes de yeso

pero nadie podía escuchar afuera a través de la ventana,
mi ojo atrapó el borde del departamento de ladrillo rojo de mi vecino

parado en una quietud ensordecedora,

nos miramos mutuamente, su implacable ojo amarillo en el halo rojo de piel,

me quité la cera y las lagañas por mi cuenta pero él paró de rugir y se descubrió un colmillo saludándome.

Me dí vuelta y cociné brócoli para la cena en un horno de hierro,

herví agua y me di un baño caliente en la vieja bañera bajo el marco del fregadero.

No me comió, por lo que me arrepiento de que estuviera hambriento en mi presencia.

La semana siguiente se enfermó sobre la alfombra y quedó hecho un saco de huesos con el pelo de trigo caído,

enfurecido y con enrojecimiento de ojo mientras yacía con un gran dolor con su cabeza peluda entre sus patas
junto a la estantería de las cajas de huevos, rellena con los volúmenes de Platón y Buda.

Sentado a su lado cada noche apartando mis ojos de su hambriento y apolillado rostro

paró de comerme, se puso más débil y rugía a la noche mientras yo tenía pesadillas,

comido por ek león en la librería de Cosmic Campus,

yo mismo un león hambreado por el profesor Kandisky,

muriendo en un circo de baja categoría

me despertaba en las mañanas, el león todavía muriendo en el piso—

‘¡Terrible Presencia!’ sollocé, ‘¡Cómeme o muere!’

Me levanté ese mediodía—caminó hacia la puerta con su garra en la pared sur

para equilibrar su cuerpo trémulo,

dejó salir un crujido de rendimiento del alma desde el techo sin fondo de su boca

estallando desde mi piso al cielo con más fuerza que un volcán a la noche en México,

abrió la puerta y con voz grave dijo “No esta vez, Nene—pero volveré nuevamente”.


El león que come mi cabeza ahora por una década sabiendo que sólo tu hambre,

no la bendición de tu satisfacción, oh, rugido del universo cómo fui elegido

en esta vida escuché tu promesa, estoy preparado para morir,

serví a tu hambrienta y anciana Presencia, oh Dios, espero en mi cuarto a tu Misericordia.

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