Cómo va el mundo

Es evidente que el hombre pasa demasiado tiempo remoloneando, que se rinde fácilmente y acepta con cinismo las injusticias y la corrupción que gobiernan por doquier, y que cierra los ojos ante el deterioro y la degradación de su propia existencia. La mayoría busca la felicidad enlazando placeres vacíos, borracheras inconducentes, embriagueces ridículas o absurdas. Configuran una turba descerebrada que no lucha ni resiste, se quedan quietos y pasmados en sus casas-sarcófagos y lugares de entretenimiento.

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