Festival en Arraial

Si el aburrimiento se apodera de los buceadores y turistas el Municipio de Arraial do Cabo ofrece diversos entretenimientos, tanto de día como de noche. Para los amantes de la cultura brasileña hay recitales de canciones en inglés (sonará extraño pero es así). Nada identifica tanto a los brasileños como la apropiación o conversión de lo ajeno, particularmente en el campo del arte y del delito.

Los moradores de Arraial no se afanan por ser amables. Les alcanza con brindar tranquilos los servicios regulares, mostrando muy de vez en cuando alguna sonrisa. Otro atractivo que invita a desperezarse es el fútbol playero. Los partidos de Dos Anjos son más interesantes que cualquier encuentro profesional. Los mosquitos son muy pequeños y huidizos: intentar matarlos también constituye una actividad obligada. Aquí también se encuentra a Dios cada dos cuadras, miles de pastores y de fieles acreditan esta verdad. Mi compañera y yo presenciamos ciertos eventos milagrosos, pequeños pero valiosos: bebés recién nacidos que caminan, alemanes fanfarrones y tatuados que murieron ahogados por desconocer el funcionamiento de sus equipos de buceo, un agua de coco por el valor de un real, carilindos meditando profundamente o preocupados por el destino de los pobres en América Latina… La droga no abunda en este lugar y esto hace que el tedio sea más intenso. El consumo permanente de cerveza sólo conduce a la imbecilidad o al malestar estomacal (además, no retarda el proceso de envejecimiento). Las aguas saladas y paradisíacas, si bien pueden tonificar el ánimo, acaban cansando y sumergen a los bañistas en un éxtasis falso.

-Por Dios, ¿qué vamos a hacer en Arraial hasta mañana? –me pregunta mi compañera.

-Podemos recorrer las callecitas laberínticas que aún no vimos.

-¿Para qué, te parece que hallaremos algo divertido?

-No lo sé, aunque quedarnos en el aire acondicionado de la posada es peor.

Entonces nos preparamos y salimos. El clima está soleado y corre un vientecillo balsámico (a las cinco de la tarde). La gente se sienta en los umbrales de sus casas a disfrutar de lo inasible, vívidos y ampulosos. Esa “gente” habla y comenta cuestiones irrelevantes, y esto les alcanza para encarnar la alegría brasileña de Arraial. Sus autos pasan músicas enloquecedoras y ellos las bailan sin problemas, con una gracia envidiable.

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