La virada do Ano

La organización y la seguridad de la fiesta fueron perfectas. Pocos incidentes, sólo algunos comas alcohólicos y peleas de novios, disputas por espacios de arena limpia o basura reciclable. Brasileños de todo el país (particularmente del sur, las zonas industriales y mineras) convergen en Río para festejar el Ano Novo. Casi todos se visten de blanco, compran bebidas y bailan con los shows organizados por la Prefectura de la ciudad. No escatiman gastos ni gritos de alegría absurda. En grupos familiares o en estados de saudade intensa, le manifiestan sus deseos a la diosa del mar. Los sacerdotes de Lemanjá realizan sus rituales con desparpajo mientras extranjeros alienados, generalmente ateos o cristianos (que a esta altura de la Historia de la Religión se pueden considerar equivalentes), acreditan su presencia en los festejos disparando los flashes de sus cámaras digitales.

Un austríaco millonario, ex piloto de avión y gastrónomo, invitó a nuestros amigos brasileños a contemplar los fuegos artificiales desde su lujoso departamento en la rambla de Copacabana.

-Vengan con nosotros –nos invitaron a su vez.

No hablé una palabra con los encantadores dueños de casa pero me llevé una impresión excelente de ellos. Nos hicieron sentir cómodos, sólo faltó droga y un poco más de animación (se veía un “Home Theater” con espectáculos bahianos y jóvenes saludables y sonrientes consultaban sus notebooks ultramodernas; las mujeres disponibles parecían desabridas y poco proclives al descontrol).

-Qué buena gente –dijo mi compañera.

-Sí, no son zafadinhos.

La comida era demasiado sabrosa –al punto de empalagar-; el champán autóctono, tan intragabla como cualquier champán.

Así está terminando la segunda década del siglo XXI. Ciertos expertos europeos afirman que los próximos cinco años serán clave para lograr un cambio en el mundo (para afrontar las amenazas principales, como el deterioro ambiental, el recrudecimiento de los conflictos bélicos y el incremento alarmante de la pobreza y la desigualdad social). Yo opino que son locos e ilusos. Estos problemas son irreversibles como la virada de ano de una carioca hermosa y feliz.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *