Los Deformes – Capítulo 1

 La calculadora, oblicua al lápiz, le iba a mostrar la suma de los cheques enviados a sus feroces acreedores. Gustavo Villamayor sacudió su cabeza, que ya le estaba recalcando la mano de tanto tenerla apoyada sobre la palma. Sorbió un traguito de café tibio y miró la pantalla de la computadora. Un título con letra agrandada se opuso a su vista: Tema: Progresión de la deformidad. Cambió de página y encontró el plano del interior del instituto de rehabilitación. Sus calles anchas y ornadas con plantas distribuidas cerca de la acera no se parecían en nada a la de su antiguo departamento, ese callejón habitado por escritores mercenarios y necesitados. Miró un rato esa ciudad en miniatura y retornó a su texto…”porque el colapso necesita ser completado, vital diferencia entre una deformación y una deformidad… Y he aquí la prueba: Con los que tenían deformidad, además de las dos amputaciones, ocurrieron otras ocho complicaciones operatorias relevantes que derivaron en padecimientos bastante honrosos equiparados con los sufrimientos de los que llegaban con deformación. Estos, directamente no tenían remedio“.

De todos los incovenientes, los derrames persistentes del fluido cerebroespinal eran los más difíciles de controlar. Una succión de drenaje pudo contribuir al derrame que sufrieron nuestras dos pacientes. A fin de prevenir la formación de fístulas y considerando nuestra experiencia, momentáneamente nos abstendremos de administrar opioides de modo intratecal, especialmente en operaciones de espina lumbar, hasta que no descubramos una sustancia opiácea de mayor concentración“.

Las deformaciones lumbares eran más agudas, ya que no tenían el freno natal de las deformidades. La deformación es un proceso y la deformidad un hecho; he ahí la explicación. El esfuerzo lumbar por deformación típicamente incluye el repentino acceso de un severo dolor de espalda luego de la elevación, el esfuerzo o el empuje sobre un objeto. Los síntomas son inmediatos aunque localizados, con pequeñas o sin referencias, en los niveles más agudos. Inicialmente, ninguna posición es confortable, y cualquier actividad física es dolorosa. El dolor no cambia sustancialmente en las primeras horas o días. La palpación en el área lumbar será típicamente suave, a menudo sobre puntos del músculo ligados al hueso más que al vientre del músculo en sí mismo. La elevación erguida del pie, la rotación de cadera, la flexión de rodilla en posición prona, y otras maniobras semejantes, pueden conducir al dolor de espalda, pero no deberían causar radiación del dolor en regiones ubicadas más abajo de las rodillas. Para aquellos pacientes con una deformación lo suficientemente severa para requerir cirugía, la amputación parcial del pie o de rodilla inferior es usualmente el único tratamiento alternativo, más allá de las enfermedades vasculares periféricas significativas que puedan estar involucradas. El objetivo del tratamiento quirúrgico de pie y tobillo Villamayor es restablecer la estabilidad y el alineamiento, para que el calzado y el apuntalamiento sean posibles, y por supuesto, prevenir la amputación“.

En el momento de su mayor esfuerzo reflexivo, un ruido como el de una explosión sofocada antecedió a un corte de luz. En el monitor, una delgada línea brillante se convirtió en un punto, y este luego se fundió en el gris opaco que lo rodeaba. Felizmente, el apagón no duró más de cinco segundos. Cuando estaba recuperando su archivo, Florencia ingresó apresuradamente a su estudio, hamacándose sobre sus muletas.

-Permiso, Gustavo. Ha llegado la entrevistadora de La Nación.

-Servile algo y decile que bajaré en un minuto.

Guardó los cambios en un disco y apagó el equipo. Fue hasta el baño a lavarse los dientes y descendió la escalera. La reportera estaba conversando con Florencia, ambas sentadas sobre los cómodos sillones de raso rosa. Los internos estaban en su clase de carpintería sin necesidad de que los cuiden. Las chicas, masajeadas en el vestuario por Martín, traumatólogo, carpintero, y profesor de educación física. Imperaba la calma en todo el instituto. Las primeras actividades de la mañana se desarrollaban en silencio, con paz y dedicación.

-Buenos días -dijo Gustavo, interrumpiendo el diálogo femenino acerca de cómo disimular defectos físicos.

-Buen día, señor Villamayor -contestó amigable la periodista mientras desembolsaba un micrófono.

-Podemos comenzar cuando usted quiera -dijo Gustavo, sentándose en la silla de cuero de enfrente.

Florencia alzó sus muletas, y balanceándose con gracia, las gomas de sus sostenes frotando desapaciblemente el suelo de mármol, se dirigió a la cocina.

Ella le hizo una señal con la mano, pidiéndole autorización para encender su aparato. El, con el mismo lenguaje mudo, le advirtió que espere.

-Sólo dígame en qué sección apareceremos.

-Es para la revista dominical. Resaltamos a las personas que trabajan para beneficiar a sus semejantes, sin importarles el rédito.

-¿Puedo comenzar entonces?

Ella afirmó con la cabeza.

-Engañosamente, lo que para algunos es baladí o trivial, se puede transformar en una circunstancia vital, en la base del éxito o el desastre de nuestros planes. Ciertas naderías, como las costumbres gástricas de los guardias, o los momentos de distracción de un empresario cuando se pone a jugar al metegol con sus hijos, para nosotros tienen importancia. No nos interesa la opulencia ni fundar un reino de marginales malogrados; tampoco hacer una vana lista de acusaciones a los gobernantes, ni difundir doctrinas metafísicas revolucionarias. Sólo demostrar que somos capaces y poderosos, que en las deformidades y los defectos de los seres completamente malogrados, se hallan tejidos de piel, revoltijos de carne y hueso con células muertas que, sin la intervención de la ciencia, mediante el simple deseo de nuestros corazones, pueden resurgir a la vida. Usted sabe que abundan bandas de ‘inversores capitalistas’, falsos amos de nuestra tierra, capaces de mezquinar sillas de ruedas a nuestros pacientes (como a Laurita, una niña de trece años que tiene una periostitis severa), si no obtienen el precio que ellos desean -le explicaba Gustavo a la periodista, hablando pausadamente para que el grabador de la joven registrara sus pensamientos a la perfección.

Ella detuvo la cinta y se sirvió un bizcocho que le ofrecía Nora, la manca tejedora de cutis trigueño. Hábilmente, sostenía la bandeja cargada de gaseosas, facturas y antibióticos, en firme posición su muñón izquierdo, sonriendo con dulzura. Se quedó plantada junto al sillón de la sala donde se desarrollaba la entrevista, esperando que Gustavo la invitase a intervenir. Sin tragar del todo su medialuna, Gustavo dijo:

-Sigamos, señorita… Inés. No, espere. Nora, andá a cuidar a Roxana, que estaba jorobando a Nicolás, asustándolo con sus tretas, desgañitándose sobre sus orejas sabiendo que al pobre le están reparando el audífono. Cuando llegó aquí sólo le quedaba una oreja, perdida en un accidente misterioso que el niño jamás reveló. Luego, por un error con una aguja utilizada en una operación, perdió su segunda oreja. Ahora, con rayos láser, estamos reconstruyendo su circuito auditivo. Inventamos un oído biónico que se llama “implante cloacar”, y en las primeras pruebas con él ya algo escucha.

La periodista asentía sonriente cada tres frases que expresaba Gustavo.

-No olvides tampoco darle su inyección -le gritó a su ayudanta.

La manca obedeció al instante. La señorita terminó de beber su vaso de coca cola y apretó otra vez el botoncito rojo. Gustavo, limpiándose con una servilleta los agujeros de su dentadura, continuó refiriéndose a los fundamentos de la comunidad:

-Y para cumplir con nuestros proyectos, debemos presentarnos como una fundación honorable, pagar todos nuestros impuestos, beneficiar a las familias con dificultades económicas, difundir nuestra filantropía y darles brillo a nuestras propiedades. Estas actividades nos revestirán de una imagen digna, laboriosa y abnegada que deslumbrará a las autoridades. ¿No observó qué lindas plantas tienen nuestros jardines, la limpieza de nuestros pavimentos y los bonitos faroles que rodean nuestra piscina?

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