XI. Viento frío

Francisco recibe un viento frío en la cara. Ayer se peleó en el bar Los Mareados y le partieron la nariz de un botellazo. Le gusta aparentar que es un hombre rudo porque seduce así rápidamente a sus alumnas. Está en el Laboratorio de la Locura, come un alfajor y contempla el cielo nublado. Se acerca el nuevo titular de Cirrosis II y conversan sobre el horizonte de la Universidad.

-Nos estamos derivando hacia el Ocio burgués, y eso no nos conviene, no tenemos que alienarnos –dijo Francisco.

-En este laboratorio no se puede hacer otra cosa –reflexionó el ex cartonero.

-Sí, por veinte minutos. Después continúa la monotonía habitual de la existencia.

-Yo cuando me aburro rememoro viejas épocas y salgo a cartonear como antes, quiero transmitirles a mis alumnos una conducta ejemplar y nociones de ética.

-Sí, es un indicio fuerte de la Desocupación, acompañar al Pepe en sus marchas y reclamos es otro.

-Claro, ¿viste que se va a graduar?

-Sí, es un genio. Al término de un año cursó los cuatro correspondientes a su carrera. Es el primer desocupado ocioso del país, debería ser nombrado ya mismo presidente.

-Tiene huevos, gran personalidad, simpatía y don de gente: lo indispensable para llegar a la máxima investidura.

El viento seguía azotando suavemente la cara de nuestro héroe, la cintura al aire por la ropa desajustada, los ojos cerrados por el sol que se filtraba entre las nubes.

-¿Qué pasó? –inquirió su colega.

-Un tipo de rulos me prepotéo, dijo que yo era marica y cobarde por dedicarme a la Educación, que ese es un oficio de putos, cosas que sólo pueden hacer las mujeres. Me pareció una estupidez y saqué mi bronca afuera escupiéndole su campera de cuero. El boludo se hacía el macho. La cuestión es que demostró su cobardía atacándome con una botella de coca cola, que el muy cagón no toma otra cosa porque es un blandengue. Yo se la devolví con una de cerveza, le gané por tamaño y puntos en la jeta.

-Sólo tenés la nariz hinchada y unos moretones en la frente: te vas a curar.

-Estas son heridas superficiales en la vida. Lo hondo y auténtico está en la garganta y en el centro del hígado.

-No hablemos de principios de Cirrosis.

-La Cirrosis es mi locura.

-Ya intercambiamos suficiente información. Permiso –dijo Juan Juárez, alejándose hacia un grupo de jóvenes cirujas que alquilaban la terraza para dormir.

Eran típicos jovenzuelos de la clase media que se divertían haciéndose los pobres. Fernando arregló el alquiler con sus padres, que pagaban para que los vigilara y no cometieran cualquier locura. Los jóvenes hallaron en el titular de Cirrosis II un modelo de vida perfecto e inimitable.

Los chicos criados en la era de la tecnología están mejor preparados para captar los conceptos esenciales de la Cirrosis, reciben de inmediato información de congresos internacionales. Vagan desde pequeños y conocen los mejores efectos del alcohol a una edad temprana. Los jóvenes ya alcanzan una sabiduría suficiente para desenvolverse en la vida a los catorce años. Todo lo que viene después en materia educativa es verso y aprender a rapiñar con la profesión. Con la elección de la carrera de Cirrosis, los inscriptos adquirirán la capacidad de aligerar la existencia, de hacer de ella una aventura permanente, y llegarán a enamorarse de las realidades más absurdas y patéticas.

Carlos decidió incorporar la Religión a la Universidad y tiene razón, es una disciplina muy vinculada al Ocio y la Desocupación, lo que fue analizado por Marx con demasiada claridad. Dos curas borrachos asumieron la cátedra con una dedicación digna de su amor por Cristo. La Iglesia también está atravesando los nuevos paradigmas tecno-económicos, y ya no se callan u ocultan los sucesos vergonzosos que se viven en algunas casas de Dios. No hay secretos ni sorpresas en el mundo, y eso es una lástima que la Cirrosis ayuda a superar.

Francisco se acerca a los chicos, conversa con ellos y comprueba sus teorías sobre el carácter veloz y avispado de los jóvenes.

-¿Ustedes saben que acá funciona un Laboratorio?

-Ni idea, estamos aquí haciendo nuestras primeras experiencias de Ocio.

-¿Y en qué consisten?

-Por ahora fumamos, tomamos alguna cerveza y pensamos. Hay varios que queremos ser antropólogos y ver la influencia de la modernidad en el shamanismo.

-¡Qué interesante, cómo está cambiando la Argentina, en qué país lindo se está convirtiendo!

-¿Usted qué da? Tiene pinta de profesor de Locura Contemporánea.

-Cirrosis –dijo Francisco con un dejo de orgullo.

Confraternizó con todos aunque les advirtió que no dilapidaran su tiempo en los jueguitos y bailes tontos. Hablaron de plantas y perturbaciones de la conducta humana, de la necesidad de retornar a la Edad Media, época dorada de la historia de la humanidad.

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