Los primeros Tomahawks del Trumposo

(Agencia Maldita Realidad)

Volvió John Wayne, Ronald Reagan, millonarios de culos granujientos, republicanos que toman el té mientras arman las guerras, agarraron el desbarajuste que dejó el nobel Obama. Con su acento de yanqui white trash resentido manifestó en numerosas oportunidades durante la campaña que su país dejaría de ser el policía-gendarme que metía las narices en asuntos ajenos, que volvería a ser grande América mirando hacia adentro, sin contribuir a los inútiles esfuerzos de la ONU por detener guerras que no le importan a nadie.

Pues bien, sin llegar al tercer mes de su mandato, habiendo fracasado en la mayoría de sus iniciativas en el orden interno (endurecimiento de ley migratoria, eliminación del Obamacare, distintos proyectos de ley en diferentes áreas que fueron rechazados en el Senado o judicializados), cansado del clima hostil de New York y California, aburrido en un país con industrias desoladas y cada vez más alienado, se despachó con el lanzamiento de 59 misiles a una base aérea del glorioso ejército sirio que viene resistiendo los embates de Estados Unidos, la OTAN, Turquía, Israel y sus servicios secretos, mercenarios y bandas armadas informales, desde hace seis años. No hubo día desde entonces que no se hayan dedicado a cometer todo tipo de actos criminales en el país mediterráneo en una guerra terrorista con peligrosas ramificaciones europeas, donde los atentados de combatientes de Daesh o el Estado Islámico son una cuestión cotidiana.

El resultado de su acción, cuatro soldados, seis civiles (entre ellos dos niños) muertos será tomado como una nimiedad y un fracaso. Se alega que fue como respuesta a un supuesto bombardeo con armas químicas (gas sarín) de las fuerzas de Al Asad a una población civil en Idlib, lo cual es absolutamente falso (como el cuento de las armas de Saddam Hussein), siendo la justificación del negocio infame de la guerra y la venta de armas liderado por Estados Unidos y otras potencias a nivel global, para prolongar la muerte y destrucción de los pueblos que se oponen y resisten valientemente en condiciones adversas y precarias, simplemente porque la razón y la conciencia universal están de su lado. Y si existe algo así como un Dios, o un papa capaz de hacer milagros, sería muy pero muy bueno que el camarada Putin, o el sonriente Xi Pin, y por qué no (nuestro sueño más preciado), Kim Jong-un, le metan un buen Tomahawk por el culo al advenedizo ricachón que guía el destino de la principal potencia mundial.

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