Nieve

poema-novela de Robert Frost (traducido por H. Müller)

Los tres quietos escuchando un fresco acceso

de viento atrapado contra la casa un momento,

tragaron nieve, y luego sopló libre nuevamente,

los Cole vestidos, pero despeinados por algunas horas de sueño,

Meserve empequeñecido en el gran abrigo de piel que llevaba.

Meserve iba a hablar primero. Señaló hacia atrás,

sobre su espalda con el tallo de su pipa, diciendo

‘Pueden verlo mirando hacia el techo,

haciendo un gran rastreo hacia el cielo,

lo suficiente para grabar todos nuestros nombres.

Pienso que llamaré a mi esposa y le diré

que estoy aquí –tan lejos- y empezando de nuevo.
La llamaré suavemente, así es prudente y se va a dormir,

no necesita despertarse para responder’.
Tres veces sacudió apenas la campana, luego escuchó.

‘¿Qué, Lett, todavía despierta? Lett, Estoy en lo de Cole. Estoy retrasado.
Te llamé para decir buenas noches desde aquí,

antes de que me fuera a decir buen día allí.

Pensé que debía hacerlo.

Lo sé, pero, Lett, lo sé, podría, ¿pero qué sentido tiene?

El resto no será tan malo. Dame una hora para ello.

Oh, oh, ¡tres horas hasta aquí!

Pero eso era todo el camino hacia arriba de la montaña, el resto hacia abajo.

Porque no, no, ni un revolcón:

mantuvieron sus cabezas y se tomaron su tiempo para ello,

ambos, como queridos. Están en el granero,

mi querida, me vengo como siempre.

No llamé para pedirte que me invites a casa’.
Esperó por alguna palabra que ella no podía decir,

finalmente la dijo él, ‘buenas noches’, y luego,

al no obtener respuesta, colgó el teléfono.

Los tres permanecieron en la luz de la lámpara alrededor de la mesa,

con los ojos fruncidos un momento hasta que él dijo

‘Sólo veré cómo son los caballos’,

‘sí, hazlo’ dijeron juntos ambos Coles.

La señora Cole agregó: ‘Puedes juzgar mejor luego de verlo.

Te quiero aquí conmigo, Fred. Déjalo aquí, hermano Meserve.

Sabes encontrar tu camino a través del cobertizo’.

‘Creo que conozco el camino,

creo que sé dónde puedo encontrar mi nombre
tallado en el cobertizo para decirme quién soy

si no me dice dónde estoy, solía jugar’

‘Cuida a tus caballos y regresa.

Fred Cole, ¡lo dejarás!’
‘Bien, ¿tú no?, ¿cómo puedes hacerlo?

‘Lo llamé Hermano. ¿Por qué lo llamé de ese modo?’

‘Está bien, suficiente. Es todo lo que oirás nombrarlo por aquí.

Parece que ha perdido su nombre cristiano’.

‘Suficiente cristiano debería llamar a eso.

No se dio cuenta, ¿acaso lo hizo?

Bueno, al menos no me encariñé con él,

el querido sabe. Detesto la idea de él

con sus diez hijos menores de diez años.

Odio su pequeña y desdichada Secta Racker,

todo lo que oí sobre ella, que no fue demasiado.
Pero eso no es decir, ‘mira, Fred Cole, son las doce,

ahora, no? Ha estado aquí media hora.

Dice que dejó la tienda del pueblo a las nueve.

Tres horas para hacer cuatro millas, una milla por hora

o no mucho mejor.

Porque, no parecía como un hombre que pudiera moverse tan lento y avanzar.
Tratando de pensar lo que hizo con todo aquel tiempo.
¡Y tres millas más por delante!’
‘No lo dejes ir. Pegate a él, Helen. Haz que te conteste.

Esa clase hombre habla directamente toda su vida,

desde lo último que se dijo a sí mismo,

sordo como una piedra a cualquier cosa que cualquier persona pueda decir.
Debí haberlo pensado, sin embargo, tú podrías hacer que te escuche’.

‘¿Qué está haciendo en una noche como ésta?

¿por qué no se puede quedar en casa?’

‘Tiene que predicar’.

‘No es una noche para salir’.

‘Puede que sea pequeño, puede ser bueno,

pero una cosa es segura, es rudo’.

‘Y fuerte de tabaco viciado’.

‘Lo resistirá’. ‘Tú sólo dí eso.

No hay ninguna otra casa o refugio desde este lugar al de ellos.
Llamaré a su esposa nuevamente’.

‘Espera y tal vez lo haga él. Veamos qué va a hacer.

Veamos si volverá a pensar en ella de nuevo.

Pero luego dudé si estaba pensando en él,

no reparaba en ello para nada’

‘¡No debería ir ahí!’

‘Es una noche, querido’.

‘Una cosa: no está arrastrando a Dios a eso’.

‘No considera que sea un caso para Dios’.

‘¿Piensas eso, no es cierto? No conoces al tipo.
Está haciendo un milagro este minuto.

Privadamente- a él, justo ahora,

piensa que hará un caso de esto si triunfa,

pero se quedará quieto si falla’.

‘Mantenerse quieto sobre todo.

Estará muerto, muerto y enterrado’.

‘¡Qué problema!
Soy el único que tiene alguna razón para preocuparse

por lo que le ocurra si sólo toma

algo de la vanidosa presunción

de uno de esos piadosos canallas.’

‘¡Eso es una tontería! Tú quieres verlo a salvo’.

‘A ti te gusta el enano’

‘¿Y a ti no un poco?’

‘Bueno, no me gusta lo que está haciendo,

que es lo que te gusta a ti, y por eso te gusta él’.

‘Oh, sí te gusta.
Te gusta tu diversión tanto como a cualquiera;
sólo ustedes, las mujeres,

tienen que asumir esos aires para impresionar a los hombres.

Nos tienen tan avergonzados de ser hombres

que no podemos mirar una buena pelea

entre dos muchachos y no sentirnos impulsados a detenerla.

Deja que el hombre se congele una oreja o dos, digo.

Está aquí. Te lo dejaré todo para ti.

Ve y salva su vida. Está bien, entra, Meserve.

Siéntate, siéntate. ¿Cómo encontraste los caballos?’

‘Bien, bien’.

‘¿Y listo para algo más? Aquí mi esposa dice que no lo hará.

Tienes que rendirte’.

‘¿No quieres complacerme? ¡Por favor! ¿Y si digo por favor?

Señor Meserve, se lo dejaré a su esposa.

¿Qué dijo su esposa al teléfono?’

Meserve parecía  prestarle atención sólo a la lámpara

o a algo no alejado de ella en la mesa.

Enderezando y levantando un dedo índice,

señaló con su mano hacia donde estaba

una blanca araña estropeada en su rodilla:

‘¡Esa hoja en tu libro abierto!

Se movió justo en ese momento, pensé.

Se mantuvo enhiesta como esa, ahí en la mesa,

desde que entré, tratando de girar hacia atrás o adelante,

mantuve mi vista en ella para adivinar el movimiento;

si es hacia adelante, entonces es con la impaciencia de un amigo,

ves que lo sé, para engancharte a las cosas,

quiere ver cómo lo tomarás,

si es hacia atrás, es por arrepentimiento de algo

que no advertiste y fallaste en ver lo bueno que era.

No importa, las cosas deben esperar para colocarse

enfrente de nosotros varias veces, no sé exactamente cuántas,

eso varía con las cosas, antes de que las veamos.

Una de las mentiras sería que nada jamás

se había presentado ante nosotros antes dos veces.

¿Dónde estaríamos nosotros al final si fuera así?
Nuestra vida más preciada depende de que todo

se repita hasta que respondamos desde adentro.

La vez mil puede probar el encanto. ¡Aquella hoja!
Puede girar de cualquier modo. Necesita la ayuda del viento.
Pero el viento no la movió, si es que se movió.

Se movió por sí misma. El viento es nulo aquí.

No podría agitar una cosa como aquella

tan sensatamente equilibrada.

No podría alcanzar la lámpara

para tomar una bocanada de humo negro de la llama,

o soplar una arruga en el saco del collie.
Tú haces un pequeño bloque cuadrado de aire,

quieto y luminoso y caliente, en vez de todo

la infinita oscuridad, y el frío y la tormenta,

y haciendo esto das estas tre cosass, lámpara, perro y hoja de libro,

que se mantengan cerca de ti, en su reposo;

a pesar de todo lo que tengan los demás para decir,

el reposo puede ser la cosa que te está faltando, aún cuando lo hayas tenido.

Es tan falso que lo que no tenemos no lo podemos dar;

tan falso, que lo que siempre decimos es verdad.

Tengo que mover la hoja si nadie lo hará.

No se acuesta. Entonces deja que esté parada.

¿A quién le importa?’

‘No querría apurarte, Meserve,
pero si te vas, digo que te quedarás, ¿sabes?
pero dejame levantar una cortina en una escena,

y te muestro cómo se está acumulando contra ti.

¿Ves la nieve blanca a través del blanco de la escarcha?
Pregunta a Helen cuán alto ha sido elevado el marco

desde la última vez que leímos el manómetro’.

‘Se ve cómo si alguna cosa pálida hubiera
aplastado sus rasgos planos y cerrado sus ojos con ansiedad extrema

para ver lo que la gente encontraba tan interesante de uno al otro,

y se fue a dormir de su propia y estúpida falta de entendimiento,

o rompió su cuello blanco de hongo compacto,

y murió contra el cristal de la ventana’.

‘Hermano Meserve, ten cuidado, tendrás más miedo

de ti mismo que de nosotros con esta charla de pesadilla.

Eres tú a quien le importas, porque eres tú

quien deberá ingresar sólo a ella’.

‘Deja que hable, Helen, y quizá se quede’.

‘Antes de que sueltes la cortina, me recordaron:
tu recoges al chico que viene aquí para respirar el aire un invierno,

¿tomó una habitación en lo de Avery?

Bueno, una mañana soleada luego de una tormenta prodigiosa,

atravesó nuestro lugar y me encontró apilando la casa con nieve.

Y estaba cavando profundo por calor,

Acumulándola en los alféizares de las ventanas.

La nieve contra la ventana atrapó su ojo.

‘Ey, eso es un bonito pensamiento’, esas fueron sus palabras.
‘Así puedes pensar que estaba a seis pies de profundidad afuera,

mientras tú te sentabas caliente y leías las raciones balanceadas.

No puedes tomar demasiado invierno en el invierno’.
Esas fueron sus palabras.

Y se fue a casa y eso fue todo hasta que

la luz del día se posó sobre las ventanas de Avery.

Ahora tú y yo deberíamos irnos pero no tan lejos.

Al mismo tiempo, no puedes negar
que no sería un poco peor, nosotros tres, sentados aquí,

jugando con nuestra fantasía, para alcanzar la línea de nieve

tan alta que cruce toda la ventana.

Allí donde hay una especie de túnel en la escarcha,

más parecido a un tunel que a un pozo

al extremo final del cual ves un revuelo

y tiemblas como el borde deshilachado de la corriente

que sopla en el viento. Me gusta eso, me gusta eso.

Bueno, ahora los dejo, gente’.

‘Ven, Meserve, pensamos que habías decidido quedarte,

los modos que hallaste para decir el valor del comfort

y de haber estado donde estás. Quieres quedarte’.

‘Tendré en cuenta el frío que hace con semejante caída de nieve.
La casa es frágil al congelamiento, salvo la habitación donde estás sentado.

Si crees que el viento sopla más aún, no es porque se esté muriendo;

pronto estrarás bajo la nieve, eso es todo,

y lo sientes menos. Escucha las suaves bombas de polvo

que estallan contra nosotros en la boca de la chimenea

y en los aleros. Me gustan desde adentro más que si estuviera afuera.

 

Pero los caballos están descansados y es hora de decir buenas noches,

y dejo que se vayan a la cama nuevamente.

Buenas noches, lamento haber interrumpido su sueño’.

‘Afortunado de ti, que lo has hecho.

Afortunado que nos tienes a mitad de camino a la estación para detenerte.

Si fueras el tipo de hombre que presta atención a las mujeres,

hubieras aceptado mi consejo

y por el bien de tu familia te hubieses quedado donde estás.

¿Pero qué bueno hay en decir esto una y otra vez?
Has hecho más que lo que tenías derecho a pensar que podías hacer ahora.

Conoces el riesgo que tomas al irte’.

‘Como regla, nuestras tormentas de nieve

no son miradas como asesinas de hombres,

y aunque podría ser la bestia que duerme el sueño a pesar de todo,

su puerta sellada y perdida,

en vez del hombre luchando para mantenerse por arriba de ella,
todavía pienso en los pequeños pájaros a la intemperie y no en sus nidos.

¿Debería ser tenido en cuenta menos que ellos?
Su volumen en agua debería congelarse

como la roca sin tiempo afuera esta noche.

Y aún mañana vendrán en ramas incipientes de un árbol a otro,

coqueteando con sus alas y diciendo Chickadee[1],
como si no supiera lo que quieres decir con la palabra tormenta’.

‘¿Pero por qué cuando nadie quiere que te vayas?
Tu esposa, tampoco lo quiere. Nosotros no queremos,

y tú mismo no quieres. ¿Quién más está allí?’

‘Sálvanos de ser arrinconados por una mujer.

Bueno, allí está’, le dijo ella a Fred luego de una pausa,

ella pensó que la palabra espantosa estaba viniendo, Dios.

Pero no, él sólo dijo ‘Bueno, allá está la tormenta.

Eso dice que debo seguir mi camino.

Que me quiere como una guerra podría si viniera.

Pregunta a cualquier hombre’.

El le lanzó aquello como algo que la mantuviera allí hasta que él cerrara la puerta.

Tenía a Cole consigo en el granero para verlo afuera.

Cuando Cole retornó encontró a su esposa todavía

parada junto a la mesa cerca del libro abierto, sin leerlo.
‘Bueno, ¿qué clase de hombre llamas a aquello?’ dijo ella.

‘Tiene el don de las palabras, o es la lengua, ¿debería decir?’

‘¿Hubo alguna vez un hombre por ver semejante?’

‘O despreciando las cuestiones civiles de la gente, ¿qué?

Lo descubriremos en una hora más sobre él

que lo que estuvimos viéndolo pasar en la carretera miles de veces.

¡Si esa es la manera en que predica!

No pensaste que te quedarías con él después de todo.

Oh, no te estoy acusando. No te dejó decir demasiado sobre la materia,

y estoy tan complacido como si no hubiéramos estado para él esta noche.

No hubiésemos dormido si se hubiese quedado.

La menor cosa lo dispuso a irse.

Es silencioso como una iglesia vacía sin él’.

‘¿Pero cuán mejor somos nosotros, así como están las cosas?
Tendremos que sentarnos aquí hasta que sepamos que está seguro’.

‘Sí, supongo que querras, pero yo no.

El sabe lo que puede hacer, o no lo hubiese intentado.

Ve a la cama, digo, y descansa.

No regresará, y si llama por teléfono no será por una hora o dos’.

‘Bueno, entonces, no somos de ninguna ayuda sentados aquí,

y viviendo su lucha con él, supongo’.

Cole estuvo telefoneando en la oscuridad.

La voz de la señora Cole vino de una habitación interior:

‘¿Te llamó ella o la llamaste tú?’

‘Ella llamó. Será mejor que te vistas: no volverás a la cama.

Debemos habernos quedado dormidos: son más de las tres’.

‘¿Ha estado llamando ella por mucho tiempo? Me pondré la bata.
Quiero hablar con ella’.

‘Todo lo que dijo ella fue que él no vino y que él realmente había empezado’.

‘Ella supo que lo había hecho, pobre cosa, dos horas atrás’.

‘El tenía la pala. El había armado una pelea’.

‘¡Cómo le permití salir de la casa!’

‘No comiences con eso. Hiciste lo mejor que podías para mantenerlo,

a lo mejor no pudiste ocultar un deseo de verlo mostrar agallas para desobedecerte.

Su esposa te lo agradecerá más’.

‘¡Fred, luego de todo lo que dije!

No deberías inventar que fue de ningún modo excepto como sucedió.

¿Quiso decir ella con alguna palabra que no me lo agradecía?’

‘Cuando le dije “se fue”, ella dijo “bueno, entonces”,

y “bueno, entonces”, como una amenaza.

Y luego su voz vino raspando lentamente:

‘Oh, tú, ¿por qué lo dejaste ir?’

‘¿Preguntó por qué lo dejamos?

Tú me dejaste allí. Yo le pregunté por qué ella lo dejó.
No se atrevió a hablar mientras él estaba allí.

‘¿Su número es veintiuno? La cosa no funcionará.
Alguien tiene receptor abajo. El mango tropieza’.

‘La cosa obstinada, ¡el modo en que estropea tu brazo!
Es de ellos. Lo dejó caer de su mano y se fue’.

‘Trata de hablar. ¡Dí “hola”!’

‘Hola, hola’.

‘¿Qué escuchas?’

‘Escucho una habitación vacía, sabes que suena de ese modo.

Y sí, escucho, creo que escucho un reloj y el chirrido de las ventanas.

No hay nadie parado igual. Si ella está allí está sentada’.

‘Grita, ella puede escucharte’.

‘Gritar no es bueno’.

‘Continúa hablando entonces’.

‘Hola. Hola. Hola. ¿No se supone que-? ¿no debería salir afuera?’

‘Tengo medio miedo de que esto sea lo que ella debería hacer’.

‘¿Y dejar a los chicos?’

‘Espera y llama de nuevo.
¿No puedes escuchar si ella dejó la puerta abierta

y el soplido del viento apagó la lámpara

y el fuego está muerto y la oscuridad y el frío de la habitación?’

‘Una de dos cosas; o se fue a la cama o salió’.

‘Y en ambos casos está perdida.

¿Sabes cómo es ella?, ¿alguna vez la viste?
Es extraño que no quiera hablarnos’.

‘Fred, ven y mira si escuchas lo que yo escucho’.

‘Puede ser un reloj’.

‘¿No escuchas otra cosa?’

‘No hay palabras, no’.

‘¿Por qué, sí, qué es eso que escucho?’

‘¿Qué dices que es?’

‘¡Un bebé llorando!
Suena frenético, aunque apagado y lejano’.

‘Su madre no lo dejaría llorar de esa manera, no si está allí’

‘¿Cómo lo sabes?’

‘Hay sólo una cosa posible, esto es, asumir que ella salió.

Por supuesto no lo hizo”. Ambos se sentaron desamparados.

‘No hay nada que podamos hacer hasta la mañana’.

‘Fred, No quiero oírte creer que debemos irnos’.

‘Espera’. La campana doble comenzó a gorjear.
Se levantaron. Fred tomó el teléfono.

‘Hola, Meserve. ¡Estás ahí entonces! ¿Y tu esposa?

¡Bien! Por qué, pregunté, parece que no contestó.

El dijo que salió para dejarlo en el granero.

Estamos contentos. Oh, no digamos más nada sobre eso, hombre.

Ven por aquí y nos veremos cuando pases’.

‘Bueno, ella lo tiene entonces,

aunque para qué lo quiere no lo veo’.
‘Posiblemente no para ella.
Quizá sólo lo quiere para los chicos’.

‘Todo lo que había para hacer parece que ha sido para nada.

Lo que arruinó nuestra noche fue para él sólo su diversión.

¿Para qué vino?, ¿para hablar y visitarnos?
Pensé que sólo llamó para decirnos que estaba nevando.

Si piensa que va a hacer de nuestra casa

medio una casa de café entre el pueblo y ningún lugar’.

‘Pensé que sentías que habías estado demasiado involucrado’.

‘Piensas que tú no has estado demasiado involucrada’.

‘Si quieres decir que él fue desconsiderado

por llevarnos afuera para pensar por él a medianoche,

y luego no hacer caso para nada de nuestro consejo,

bueno, estoy de acuerdo contigo. Pero deja que lo perdonemos.

Tuvimos en una noche una parte de su vida.

¿Qué apuestas que va a volver a llamar?’

[1] Pequeña ave cantora que busca insectos acrobáticamente entre el follaje y las ramas, oriunda de los Estados Unidos.

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