El miedo

por Robert Frost, traducción de HM

La luz de una linterna desde la profundidad del granero

brilló sobre un hombre y una mujer en la puerta

y lanzó sus tambaleantes sombras sobre una casa cercana,

todo oscuridad en cada ventana lustrosa.

El casco de un caballó pateó una vez sobre el piso hueco,

y el revés del carro junto al cual estaban parados se movió un poco.

El hombre agarró una rueda, la mujer gritó ‘¡Quién anda ahí, quedate quieto!’
‘Lo vi tan claro como un plato blanco’ dijo ella,

‘cómo corrió la luz en el carro, a lo largo de los arbustos de la carretera,

la cara de un hombre. Tienes que haberlo visto también’.
‘No lo ví. ¿Estás segura?’
‘¡Sí, estoy segura!’
‘¿Era una cara?’
‘Joel, tengo que ir a ver.

No puedo entrar, no puedo, y dejar una cosa como esa sin arreglar.
Las puertas cerradas y las cortinas corridas no harán diferencia.

Siempre me siento extraña cuando venimos a casa,

a la casa oscura luego de una ausencia tan larga,

y la llave traqueteó alto en el lugar,

como advirtiendo a alguien de mantenerse apartado

de una puerta mientras entramos por otra.

¿Qué si tengo razón, y alguien todo el tiempo…

¡No sostengas mi brazo!’

‘Digo que es alguien pasando’.

‘Hablas como si éste fuera un camino viajado.

Te olvidas dónde estamos.

Lo que hay detrás de qué él vaya o esté viniendo a esta hora de la noche, y a pie también.

¿Para qué estaba parado quieto en los arbustos?’
‘No es tan tarde, sólo está oscuro.

Hay más en eso de lo que estás inclinado a decir.

¿Parecía como qué?’
‘No se parecía a nadie. No descansaré esta noche hasta que sepa. Dame la linterna’.
‘No quieres la linterna’.
Ella lo empujó al pasar a su lado y la tomó por su cuenta.
‘Tú no vendrás’ dijo ella. ‘Esto es asunto mío.
Si llegó el tiempo de afrontarlo, yo soy la que enderezará las cosas.

El nunca se atreverá… ¡Escucha! Pateó una piedra.

¡Escucha eso, escucha eso!

Viene hacia nosotros. Joel, entra por favor.

¡Escucha con atención! No lo escucho ahora. Pero por favor, ve adentro’.
‘En el primer lugar en que no puedes hacerme creer es…’
‘Es él, o alguien que envió a observar.
Y ahora es el momento de echarlo, cuando sabemos definitivamente dónde se encuentra.
Dejemos que salga y estará en cualquier lugar a nuestro alrededor,

Acechando desde árboles y arbustos

mientras no me anime a poner un pie afuera.
Y no puedo soportarlo. Joel, ¡déjame ir!’

‘Pero es una tontería pensar que él tiene suficiente cuidado’.
‘Quieres decir que no puedes comprender su acechanza.

Oh, pero has visto que él no tenía suficiente, Joe,

no lo haré, no lo haré, te lo prometo.

No debemos decir cosas duras. Tú no deberías’.

‘¡Seré yo la que vaya, si no va nadie!
Pero le has dado ventaja con esta luz.

¡Qué no nos va a hacer estando parados aquí!

Y si para ver qué era lo que él quería,

por qué estuvo viendo todo si todo era ver e irse’.
Parecía que él había olvidado mantener su ocupación,

pero avanzó con ella mientras cruzaba el césped.

‘¿Qué quieres?’ -gritó ella a toda la oscuridad.

Ella se estiró hacia arriba para contemplar la luz

que colgaba en ambas manos calientes contra su falda.
‘No hay nadie, así que te equivocas’, dijo él.
‘Sí hay. ¿Qué quieres?’ gritó ella, y luego

fue sorprendida cuando realmente vino una respuesta.

‘Nada’. Vino desde bien lejos en la carretera.

Ella alcanzó una mano de Joel para sostenerse:

el olor de la lana abrasada la hizo desmayarse.

‘¿Qué haces alrededor de esta casa a la noche?’
‘Nada’. Una pausa: parecía no haber más nada que decir.

Y luego la voz nuevamente: ‘Parece asustada. Vi al pasar que usted azotó al caballo.
Sólo avanzaré hacia la luz de la linterna y déjese ver’.

‘Sí, hagalo. ¡Joel, regresa!’

Ella se mantuvo parada contra los pasos ruidosos que se aproximaban,

pero su cuerpo se agitaba un poco.
‘Vea’ dijo la voz.
‘Oh’ Ella miró y miró.
‘No lo ve, tengo a un niño de la mano’
‘¿Qué hace un niño a esta hora de la noche?’

‘Paseando.

Cada niño debería tener el recuerdo de al menos una larga caminata antes de ir a la cama.
¿Qué, hijo?’
‘Entonces debería pensar que está buscando un lugar para caminar…’
‘La carretera como sucede, estamos parando por la quincena en lo de Dean.’
‘Pero si eso es todo, Joel, te darás cuenta, no pensarás nada. ¿Comprendes?

Comprendes de que debemos ser cuidadosos.
Este es un lugar muy, muy solitario.
¡Joel!’ Ella habló como si no pudiera darse vuelta.

La oscilante linterna se prolongó hacia el suelo,

la tocó, la golpeó, traqueteó y se marchó.

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