El arroyo de Hyla

En junio nuestro arroyo escapa de la canción y velocidad,

perseguido por demás luego de eso, se hallará

ya sea andando a tientas en el subsuelo

(y llevándose consigo toda la prole del Hyla

que aulló en la niebla un mes atrás,

como fantasma de campanas de trineo en un fantasma de nieve)

o florecido y ataviado en maleza enjoyada,

follaje débil que es soplado e inclinado

aún contra la corriente que llevan sus aguas.
En su cama han dejado una hoja de papel descolorida

de hojas muertas pegadas por el calor,

un arroyo para nadie excepto aquellos que recuerdan demasiado.
Esto como se verá está en otra lejanía que aquellos arroyos

tomados en otro lado en canción.

Amamos las cosas que amamos por lo que son.
 

Poema de Roberto Frost, traducido por hM

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