El juicio por existencia

Aún los más bravos que son asesinados

no deberían disimular su sorpresa

al despertarse y encontrar que el valor reina,

aún en la tierra, en el paraíso,

y donde buscaron sin la espada

los anchos campos de asfódelos por siempre,

para encontrar la recompensa mayor

de atreverse a lo que todavía demanda atrevimiento.

 

La luz del cielo cae plena y blanca

y no se desperdiga en tintes,

la luz eterna es la luz de la mañana;

las colinas están verdecidas con sabia pastura;

las huestes del ángel se van con el frescor;

y buscan con risa a quién desafiar;

y uniendo todo está la nieve silenciada

de la lejana y rompiente  ola distante.

 

Y de la cima de un acantilado se proclama

la reunión de las almas para el nacimiento,

llamado juicio por existencia,

la oscuridad sobre la tierra.

Y los espíritus inclinados patrullando

en corrientes y cruces, ¡y contadores de corrientes

no pueden sino prestar oído a aquel dulce llanto

para su sugestión de lo que sueñan!

Y los más frecuentes giran

para ver una vez más el sacrificio

de aquellos que por algún bien discernido

abandonarán satisfechos el paraíso.

Y un brillo blanco cursó y rodó hacia el trono

para atestiguar allí la aceleración de las almas devotas

a las que Dios brinda su especial cuidado.

 

Y ninguno fue tomado excepto el que quería,

habiendo primero escuchado la lectura de la vida

que se abría hacia la tierra, buena y enferma,

más allá de la sombra de una duda;

y muy hermosamente las miniaturas de Dios,

y tiernamente, el pequeño sueño de la vida,

donde nada se extenúa u oscurece,

dejando la cosa que es suprema.
Ni hay allí defecto en la presión

que algún espíritu simplemente soportó firme,

heroico en su desnudez,
contra lo más lejano de la tierra.

La historia de las cosas deshonrosas de la tierra

suena más noble allí que debajo del sol;

y la mente gira y el corazón canta,

y un grito saluda a quien se atreve.
Pero siempre Dios habla al final:

‘Un pensamiento en agonía de lucha

debería tener el más bravo para un amigo,
el recuerdo de que él eligió la vida;

pero el puro destino al cual te has dirigido

no admite como oportunidad el recuerdo,

o la aflicción que no es aflicción terrenal

hacia la cual tú das la voz de consentimiento’.

Y así la oportunidad debe presentarse nuevamente,

pero la última oportunidad es todavía la misma;

y el temor sucede al asombro entonces,

y un silencio cae para todos los clamores.

Y Dios ha tomado una flor de oro,

y la rompió, y usó allí del vínculo místico para atarla

y mantener el espíritu en la materia hasta que venga la muerte.

 

‘Aquí es de la esencia de la vida

a través de la cual elegimos mayormente

aún para carecer de la última memoria del todo clara,

que la vida tiene para nosotros en la ruina,

nada excepto lo que de algún modo elegimos;

así es que estamos completamente desnudos de orgullo

en el dolor que sólo tiene un cierre,

soportarlo aplastado y mistificado’.

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