Arándanos

‘Deberías haber visto lo que vi en mi camino al pueblo hoy yendo por el prado de Mortenson: arándanos tan grandes como el extremo de tu pulgar, del verdadero color del cielo, y pesados, ¡y listos para el tambor en el cavernoso cubo del primero que vendrá! Y todos maduros juntos, ¡no algunos verdes y otros maduros! ¡Deberías haberlos visto!’ ‘No sé a qué parte del prado te refieres’ ‘Tú sabes, donde están cortadas las maderas –dejame ver- Fue hace dos años, ¡o no! —¿puede ser no más que eso? —Y el otoño siguiente el fuego corrió y quemó todo menos el muro’. ‘Por eso no hubo suficiente tiempo para que los arbustos crezcan. Aunque eso ocurre siempre con los arándanos: pueden no haber sido el fantasma de una señal de ellos en cualquier parte bajo la sombra de un pino, pero saca el pino del camino, puedes quemar todo el prado hasta que ni un helecho ni una brizna de césped quede en pie, por no mencionar una estaca, y prestos, están todos enhiestos a tu alrededor tan gruesos y duros para explicarlo como el truco de un prestidigitador’. ‘Debería estar en el carbón vegetal que engorda su fruto. Probé a veces en ellos el sabor del hollín. Y después de todo realmente tienen la piel negra: el azul no es otra cosa que la bruma del aliento del viento, una mancha que se va con el tacto de la mano, y menos que el bronceado con el cual se quedan quienes los recogen’. ‘¿Crees que Mortenson sabe lo que tiene? ‘ ‘Puede o no cuidarse y dejar la masticación para recogerlos por él- ya sabes lo que es. No se dará cuenta de que son justamente suyos como una excusa para mantener apartados a los otros’. ‘Me pregunto si no lo viste a Loren por allí’. ‘Lo mejor de todo es que lo ví. Ya sabes, estaba atravesando lo que tiene el campo para mostrar y sobre el muro y en el camino cuando quién podría aproximarse, con una carga demócrata de todos los jóvenes Loren conversando vivamente, pero Loren, el paternal, afuera para un paseo’. ‘¿Te vio entonces, qué hizo, frunció el ceño?’ ‘Se mantuvo moviendo la cabeza arriba y abajo. Sabes cuán amable se muestra siempre. Pero pensó un gran pensamiento –podía verlo en sus ojos, que expresado podría ser en efecto: ‘Dejé aquellos arándanos allí, sospecho perspicaz, para que maduren demasiado. Estoy mayormente para acusar’. ‘El es más frugal que algunos que podría nombrar’. ‘Parece ahorrativo; ¿y no tiene necesidad con todas esas bocas de los jóvenes Loren para alimentar? Los trajo a todos en arándanos salvajes, dicen, como pájaros. Almacenaron muchos afuera. Los comen alrededor del año, y aquellos que no comen los venden en el almacén y compran zapatos para sus pies’. ‘¿Qué importa lo que ellos dicen? Es una linda manera de vivir, sólo tomar lo que la Naturaleza está dispuesta a dar, sin forzar su mano con grada y arado’. ‘Me hubiese gustado que vieras su semblante perpetuo- ¡y el aire de los más jóvenes! Ninguno se dio vuelta y parecían tan solemnes y absurdamente preocupados’. ‘Me hubiese gustado saber la mitad de lo que el rebaño sabía sobre dónde crecían todos los arándanos y las otras cosas, arándanos en pantanos y arándanos en la cima de la montaña rocosa, y cuándo serán cosechados. Los encontré un día y cada uno tenía una flor pegada en sus arándanos tan fresca como una lluvia; algunos extraños, me dijeron que no tenían un nombre’. ‘Te dije cómo una vez, no mucho después de que vinimos, casi provoqué al pobre Loren a que se riera diciéndole que toda la gente de la tierra iría hacia él para preguntarle si sabía de algún fruto que estuviera para recoger. El bribón dijo que le hubiese gustado decirlo si lo sabía. Pero el año había sido malo. Había algunos arándanos pero todos se habían ido. No dijo dónde habían estado. El continuó: ‘Estoy seguro, estoy seguro’, tan amable como puede serlo. Le habló a su esposa en la puerta ‘Dejame ver, Mami, ¿sabemos de algún buen lugar para arándanos?’ Era todo lo que él podía hacer para mantener el rostro derecho. ‘Si piensa que toda la fruta que crece salvaje es para él entonces encontrará que está equivocado. Mira aquí, por capricho, recogeremos en el prado de Mortenson este año. Iremos a la mañana, eso es, si está despejado, y el sol calienta: las viñas deben estar húmedas. Pasó tanto tiempo desde que recogí que casi me olvidé cómo solíamos recoger arándanos: echábamos una mirada alrededor, luego cavábamos el lugar como cañas subterráneas, y ya no nos veíamos ni escuchábamos excepto cuando decías que mantenía un pájaro afuera de su nido, y yo decía que eras tú. ‘Bueno, uno de nosotros es’. Para quejarse volaba alrededor de nosotros. Y luego por un rato recogimos, hasta que temía que habías caminado una milla, y pensé que te había perdido. Grité tan fuerte por la distancia que nos separaba que el grito volvió, y para cuando diste una respuesta, tu voz era tan baja como en una conversación. Te paraste a mi lado, sabes’. ‘No deberíamos tener el lugar para nosotros por el disfrute, no así, cuando todos los Loren jóvenes se despliegan. Estarán allí mañana o incluso esta noche. No serán demasiado amigables, pueden ser amables con la gente que ven por no tener derecho a recoger donde ellos recogen. Pero no nos quejaremos. Deberías haber visto cómo se veían en la lluvia. La fruta mezclada con agua en capas de hojas, como dos tipos de joyas, una visión para ladrones’.

Robert Frost, traducción de HM

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