Votar o no votar

Por Claudia Soto

A lo mejor usted es un hombre o una mujer común, que desconfía de la política por uno y mil motivos diferentes. Desencanto, ignorancia, desmotivación, impostura, moda… No importa la razón ni el argumento. Eventualmente querrá vivir en una sociedad organizada de alguna manera que le interese. Capaz que le interesa el medioambiente, o viajar cómodo. Capaz que le interesa no ser discriminado por su condición sexual, sus ingresos o porque el destino lo puso en algún colectivo vulnerable. Por su vida cotidiana y su sentido común pasarán una enorme cantidad de opiniones. Las que suponen asumir alguna visión del mundo. No importa qué tan individualista, atea o zen la construya. No está aislada de la sociedad en la que se mueve. Puede ser que le guste una sociedad de exclusión con represión porque confía en que jamás será usted o alguien de su interés el que viva el escarnio de la represión, el abandono social o el ninguneo constante. Capaz que tiene la suerte de saber que nunca le faltará el trabajo, ni la comida, ni la salud, ni la jubilación. En ese caso, no debe preocuparse y aportar su voto al gobierno macrista (o a macristas funcionales como Lousteau). Sólo cruce los dedos para que su futuro no dependa del ANSES, del trabajo o de un Estado fuerte.

Sin embargo, si usted cree que tiene algún interés por la sociedad que lo rodea, tómese la molestia de votar, busque a su candidato: hay para todos los gustos. A grandes rasgos tiene a los tibios que no se juegan ideológicamente en nada, con declaraciones muy parecidas a las tan lavadas socialdemocracias europeas. Un buen eslogan mata ideología, tan demodé por estos pagos. Pero también tiene a los que ideológicamente ya saben cómo definirse, reconocen a la política como método para amalgamar una sociedad fragmentada por sus luchas y protestas.

Porque si no tiene ideología explícita, armada y coherente, a lo mejor tiene un sentido común que le orienta la vida. Un sentido común con el que trata de comprender los “malestares” e insanías de un modelo de sociedad capitalista, machista, mercantilizado. Algo no está bien en una sociedad que culpabiliza por ser joven, por envejecer, por amar o por morir. Esta sociedad muestra lo enferma que está en la violencia cotidiana que tanto le gusta vender a los medios.

Con esta sociedad colaboramos todos, la politica no va ser transformadora si los ciudadanos no se involucran con esa transformación. No se le pide mucho, no tiene que hacer un gran esfuerzo. Inclusive tiene la posibilidad de equivocarse las veces que crea necesarias. A esta altura, ¿quién no habrá votado alguna vez a Lilita Carrió? Si no se equivocó con la travestida fundamentalista alguna vez, algún sapo capaz que se comió. Eso no lo inhabilita, por el contrario, lo debería de despabilar un poco. Porque lo importante no es la confianza que deposita en uno u otro candidato/a. Lo importante es que confíe en su sentido común, en su visión del mundo y de si quiere o no transformarlo. De esta manera usted no pierde cuando un político lo defrauda, sólo puede perder cuando usted defrauda a su propia conciencia política. Aquella que capaz quisiera transmitirle a las nuevas generaciones. Decirles a los niños y jóvenes que todavía no votan que capaz se cumplen las expectativas, pero al menos responden a un discurso simbólico con el que se siente comprometido. No hay que tener vergüenza de ser progresista, de izquierda, zurdito, nacional y popular. Vergüenza es jugar a la indiferencia política. Para anarquizarse no hay que descartar espacios de participación, porque esa es la resignación del Tío Tom. Eso es ser el ciudanano orwelliano… eso es estar en la cueva de Platón y tener miedo a salir. Porque no parece que sea ese el espíritu que la sabiduría popular enseña. Por eso recurrimos a un argumento final de carácter emocional, no para vender una “ensalada” o un “big mac”.  Sino para compartir valores simbólicos de lucha, de esfuerzo con sentido, con propósito. Almafuerte lo clama de hermosa manera:

 

¡ AVANTI !

Si te postran diez veces te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas…
No han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.

Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas.

Obsesión casi asnal, para ser fuerte,
nada más necesita la criatura,
y en cualquier infeliz se me figura
que se rompen las garras de la suerte …
¡todos los incurables tienen cura
cinco segundos antes de la muerte!

¡ Piu avanti!

 No te des por vencido, ni aún vencido,
no te sientas esclavo, ni aún esclavo;
trémulo de pavor, piénsate bravo,
y acomete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruïn, vuelve a ser clavo;
no la cobarde estupidez del pavo
que amaina su plumaje al primer ruido.

Procede como Dios que nunca llora;
o como Lucifer, que nunca reza;
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua, y no la implora…

Que muerda y vocifere vengadora,
¡ya rodando en el polvo, tu cabeza!

 

Almafuerte

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