¿Yihadismo o antiturismo?

(Agencia Maldita Realidad)

Entre las propuestas revolucionarias que cotizan en el mercado de ideologías actual, que verdaderamente procuran un cambio en el repugnante orden mundial vigente, sólo hay dos que merecen atención y estudio, las cuales se exhibieron con peculiar crudeza en el atentado de Barcelona mediante atropellamientos masivos que dejó un saldo magro si se lo compara con la magnitud de muertos, heridos y daños que ocasionan los atentados y bombardeos de las “alianzas de países occidentales” en Medio Oriente y Africa, donde todos los días se producen respuestas violentas a las invasiones militares de la OTAN, y donde los “terrenos de operaciones” se encuentran absolutamente devastados y abandonados, huyendo millones de refugiados hacia el oeste con la tonta esperanza de que serán acogidas benevolamente por algún país “progresista” de Occidente. El círculo, la rueda del problema del terrorismo no tiene solución, porque quienes financian a las agrupaciones y movimientos terroristas son Estados Unidos como primera potencia mundial (a nivel militar), secundada por Francia y libres empresarios que monopolizan la comercialización de armas, drogas y seres humanos. Ellos son la prueba de que se puede ser próspero en el sistema capitalista: no importa que sea a costa de la muerte y vejación de millones de personas en todo el orbe. La burguesía bienpensante se atreve a proclamar “no tenemos miedo”, creen que las bombas atómicas yanquis o que las fuerzas de seguridad europea los protegen y acabarán con los fanáticos que continúan inmolándose en diferentes estilos, siendo una tendencia destacada el alquiler de camiones para arremeter contra multitudes de civiles tan inocentes como los que mueren en sus países a manos de las bandas de mercenarios entrenadas y dirigidas por la CIA, así como por drones descontrolados. Ante esta situación, la alternativa del yihadismo es muy seductora para adolescentes rebeldes, intelectuales aburridos y sobre todo, para los desposeídos de sus tierras, sus bienes y sus hijos, así como para los directamente afectados por una economía global usurera y extorsionadora, que permite la propagación de epidemias de cólera, hambrunas, fugas de presos, explotación de recursos naturales hasta el magma de la Tierra… Todo ello se conjuga con la alienación tecnológica y de redes sociales que embrutece e imbeciliza el cerebro humano, por no mencionar la consagración de posverdades y noticias falsas constantes que difunden los medios masivos de comunicación. Se genera así un cóctel explosivo que hace inevitables atentados como los de la rambla de Barcelona. Las cruzadas y guerras religiosas, raciales e interétnicas están entonces a la orden del día, y el yihadismo es una opción laboral valiosa que no debería ser menospreciada por los planificadores sociales, ni por los políticos que luchan para que haya más empleos a lo ancho del mundo, ya que les va a servir para reclutar más mano de obra desquiciada a sus aparatos represivos, policiales y militares.

Ahora, en cuanto al antiturismo, también es una corriente que genera simpatías entre conservadores y luchadores contra el neoliberalismo imperante. ¿Es el turismo un derecho humano como lo quieren hacer ver los amantes del ocio y los empresarios abyectos que se benefician con su incremento? Que el viaje de placer se pueda convertir en excursión final a manos de enajenados es una posibilidad latente. Ya en Barcelona se venía hablando bastante del tema. Articulistas de distintas posturas alertaban y advertían sobre el peligro de las sobrecargas turísticas, cómo se arruinan los monumentos y lugares históricos y sagrados, la sobreabundancia de basura que producen los turistas, los daños ambientales que a cada minuto ocasionan los complejos y emprendimientos turísticos, el olvido de los ciudadanos comunes y la priorización de la buena atención y la sonrisa dispuesta, la tendencia a un cosmopolitismo inútil, frívolo, decadente y entregado a un consumismo sin sentido. A muchos barceloneses les irrita compartir su ciudad con miles de visitantes que deambulan deslumbrados ante sus bellezas. El glamour woodyallenesco, la pose cool del catalán, pueden irse decididamente al carajo. Nadie podrá asegurar a Maldita Realidad que quienes hicieron el atentado de Barcelona eran miembros de una célula yihadista, ya que tranquilamente, detrás de semejante acto de barbarie subyace una propuesta ideológica fuerte y penetrante, revolucionaria, el antiturismo, que puede dar que hablar en los próximos meses. Atacar el turismo es atacar el alma y el corazón del establishment, del capitalismo infame que gobierna el mundo. Y sus propuestas no son para despreciarlas ni para envalentonarse y cacarear “No tenemos miedo”.

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