Bárbaro atentado del Estado Islámico en la península de Sinaí

por Ahmed Mohamed

Los grandes medios de comunicación occidentales, replicados por los chinos y los rusos, vienen planteando el fin del Estado Islámico en Medio Oriente, por sus derrotas en Siria e Irak, pero han soslayado las ramificaciones que ha tenido el engendro orquestdo por Estados Unidos y la OTAN para desestabilizar la región, que eso y no otra cosa es este “Califato”, “ISIS” y miles de sobrenombres más para designar a las bandas de mercenarios y terroristas surgidos de los servicios y agencias de inteligencia occidentales (principalmente de Reino Unido y Francia, además de los inevitables yanquis).

La cuestión es que lejos de extinguirse, el Estado Islámico acaba de cometer el atentado y matanza más sangriento que se le conozca, haciéndolo en territorio egipcio, gobernado por Al Sisi, golpista y colaborador de los planes de Estados Unidos, que además de cambiar el rumbo ideológico que encaraba Egipto con los Hermanos Musulmanes, impuso un régimen de terror aprovechado por los terroristas para sembrar más muerte y destrucción en el país norafricano. Además, sus filiales se encuentran muy activas en todos los países africanos donde se practica el islam, además de todos los países del sur de Asia, llegando hasta las mismas Filipinas. A diario cometen bárbaros y espectaculares atentados para que el mundo entienda que Trump y sus amigos necesitan vender sus armas de aniquilación masiva en todo el planeta.

En esta ocasión, al sonar desde el minarete el llamado a la segunda oración del día (adhan), los terroristas (patrocinados, financiados y entrenados por EE.UU) ingresaron en una mezquita sufí de Al Rauda, 40 kilómetros al oeste de Arish, al sonar la segunda llamada a la oración, donde además de detonar una bomba casera y cuatro granadas, dispararon a todos los fieles que encontraron en su trayectoria homicida. Dos de ellos se treparon al minbar (donde se parapeta el imán), y desde ahí dieron rienda libre a sus ametralladoras. A casi todos los remataban con disparos en la cabeza, e incluso competían para ver quién se cargaba más muertos, haciendo chistes y lanzando palabrotas. La masacre fue bien planificada y ya ha superado holgadamente los 300 muertos. Los atacantes distribuyeron francotiradores apostados afuera de la mezquita para pasar a mejor mundo a todos los que intentaban escapar, además de acribillar varias ambulancias que intentaban rescatar a los malheridos.

En total la policía local contabilizó 20 terroristas, y anunció que ninguno de ellos era egipcio. Según testigos privilegiados de la masacre, los criminales actuaron como miembros de una fuerza especial, vestidos con uniforme de Estado Islámico (pantalones negros, camisas grises, chalecos antibalas, cintas de luto negro atadas a sus brazos). De hecho, muchas víctimas creyeron que era una maniobra del Ejército de Egipto, y a nadie se le ocurrió que pudieran asaltar la mezquita en pleno rezo, Había un comandante que lanzaba órdenes e improperios, y que se trataba de un castigo divino porque la congregación había insultado a Wilayat Sina, nombre con el que se conoce a los fieles del Estado Islámico en el devaluado país de las pirámides y el turismo reticente.

El ataque tuvo una duración de 20 minutos, tras lo cual los terroristas huyeron en vehículos “todoterreno” provistos por el ejército estadounidense hacia el desierto, donde según agencias de noticias egipcias de escasa seriedad, fueron bombardeados por drones enviados por Al Sisi en su persecusión, ignorándose aún si se logró acabar o atrapar a algún terrorista. Antes de irse, se llevaron unos 10 rehenes que ultimaron en las afueras de la ciudad, esparciendo sus cadáveres con la sangre caliente aún.

El pueblo egipcio quedó desolado y no hay familia que no haya perdido a un miembro. Entretanto, Al Sisi continúa adelante como si nada, el rey de Arabia hace lo que quiere y Estados Unidos e Israel continúan preparando la guerra contra Irán. A su vez, no hay país de la región que no esté convulsionado y atontado por las agresiones del Estado Islámico, que equivale a decir las agresiones de Estados Unidos y la OTAN.

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