Canción de línea de tormenta

Las nubes de la línea de tormenta vuelan andrajosas y veloces,
el camino está abandonado todo el día,

donde una miríada de níveas piedras de cuarzo se elevan,

y las huellas de las pisadas se desvanecen.

Las flores del costado del camino, demasiado húmedas para la abeja,

expenden en vano sus retoños.

Ven conmigo lejos, a las montañas,
y sé mi amante en la lluvia.

Los pájaros tienen menos para decirse

en la desesperación del mundo del bosque,

que ahora aquellos incontables años en que los duendes,

si bien ya no están más allí:

aplastaban toda la canción de los bosques

salvaje y fácilmente como a una rosa marchita.

Ven, sé mi amor en los bosques húmedos;

ven, donde las ramas llueven cuando sopla el viento.
Allí está el vendabal para impulsarse y
divulgar nuestro canto, y las agitadas aguas superficiales

en donde recogerás tu vestido.

¿Qué importa si nos vamos libres al oeste,

y vamos sin los zapatos secos?
Para un derrotero salvaje deberías mojar tu pecho,

que la lluvia refresque la vara de oro.

Oh, nunca este abrumador viento del este se hincha

pero parece el retorno del mar a las viejas tierras

donde dejó sus cascos antes de la edad del helecho;

y parece como el tiempo cuando luego de dudar

nuestro amor regresó a todo correr.

Oh, ven aquí a la tormenta y derrota

y sé mi amor en la lluvia.

 

por Robert Frost, traduce HM

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