El efecto Springfield en Argentina

por Leila Soto

Primero vinieron a linchar a un chorro de Rosario, y no me preocupé para nada, porque no soy chorro, ni mucho menos rosarino.

Luego lincharon mediáticamente al “Papa-politicamente-correcto” que condenó linchamientos, y no me preocupé porque mi “opción por los pobres” es solamente cuando tengo que cagar a alguien.

Con el nuevo gobierno sentí alivio porque el presidente es muy comprensivo con los linchamientos, incluso saludó cariñosamente a un carnicero que había pasado con su auto por encima de un chorro a los pocos días de asumir la presidencia.

Cuando  vinieron a linchar mediaticamente y encarcelar a la jujeña yo no dije nada, porque no era ni jujeña, ni mujer, ni  coya, ni mucho menos líder social.

En el medio reprimieron villeros, murgueros, mapuches, trabajadores, docentes y desaparecieron/asesinaron  a un milintante de la vida. Pero ni siquiera me inmuté, porque a mi lo que me preocupa es la corrupción.

Por eso me alivió ver que encarcelaban corruptos y criminales odiosos: porque su estética era horrible, y no es mi caso.

Las presiones y jugarretas a los jueces no me interesan, porque ellos ganan mucha plata y seguro que no son corruptibles.

Tampoco  me inmuté cuando encarcelaron empresarios, politicos y burócratas porque son corruptos K y yo no soy k

Pero ahora la plata no me alcanza, ya no tengo prepaga, mi deuda crece, mis acreedores vienen por mi Iphone, la inflación hace de mi auto un gasto imposible de sostener. Mi madre me pide otra vez plata porque no le alcanza la jubilación para pagar luz, y remedios. Temo que en la próxima reunión de consorcio el linchado sea yo…

 

Que Duran Barba es un habilidoso personaje no es una novedad. Pero lo novedoso de su trabajo es lo bien preparado que se encuentra la sociedad para consumir mentiras y engaños electorales. Parece que veinte años de la serie de Los Simpson no han enseñado a nadie a desconfiar del señor Burns, por el contrario, convierte a todo el mundo en la peor versión de Homero, la del estúpido. Ese que sólo ante la representación de una masa de imbéciles que se dejan manipular por cualquier evento, sacando lo peor de cada uno: violencia  e intolerancia, quiere ser protagonista.

Si el neoliberalismo menemista venía con promesas de primer mundo, el actual viene con promesas publicitarias del tipo: ¡llame ya! Como si hubiera un acuerdo tácito entre los Ceopoliticos que impulsan la desarticulación absoluta del Estado para hacer sus negocios. Periodistas y medios que no quieren quedarse con el perdedor y consumidores pasivos de toda la mierda que se vende, incluso la política que los va a enterrar pobres y desgraciados.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *