El estilo de vida de Macri mata

por Máximo Redondo

El atropellamiento perpetrado por Sayfullo Saipov, uzbeko de 29 años y lobo solitario (según la CIA y reportes neoyorquinos), además de conductor de Uber, lo coloca en un lugar importante en el ranking del terror con ruedas al que viene apelando en Occidente la agrupación ISIS, que viene siendo barrida gloriosamente de Siria por su inteligente y pertinaz presidente Bashar Al Assad. En principio, logró matar a cinco argentinos, un belga y dos estadounidenses, además de herir gravemente a once personas, entre ellas dos niños y dos adultos mayores. Sus movimientos vacilantes luego del acto terrorista, como si estuviese tanteando la realidad a ciegas, acabaron con un balazo en el estómago que lo depositó en un hospital de Manhattan.

Los argentinos eran un grupo de rosarinos que festejaba el aniversario Nº30 de su egreso de la Escuela Politécnica de Rosario, y que habían elegido a la urbe estadounidense para tal evento como si fuera la meca de la gloria mundial, y remedar el paseo en bicicleta que había hecho su presidente la última vez que visitó New York, adentrándose en forma inoportuna en la popular bicisenda del barrio de Tribeca, cerca del World Trade Center, antes de ser abordados por la delirante arremetida de Saipov. Ser cool y ricachón en la era macrista parece tener sus costos, al menos en territorio estadounidense, o mismo en Chile, cuando los bravos anarco-mapuches apedrearon la embajada argentina.

El asunto no es menor ni se lo debe tomar a la chacota. Coloca a la Argentina nuevamente en el centro del terrorismo mundial. Actualiza toda la basura escondida en las posverdades de los atentados a la AMIA y a la Embajada que desembozadamente cranean los think tanks macristas del aparato judicial, o en las autopsias e informes de la Gendarmería. Dan cuenta de que el cipayismo no es gratuito ni una liviandad, que la política económica y de seguridad interior y exterior de Macri constituyen una tremenda traición a la patria, merecedora de la pena de muerte, más que la inhabilitación perpetua a Guillermo Moreno por explotar el cotillón de Clarín.

El origen de las víctimas seguramente fue fortuito para Saipov. Capaz que pensaba que estaba llevándose por delante a yanquis comunes y corrientes, y no a rosarinos émulos de Mauricio. El amigote Trump respondió al ataque en Twitter diciendo “parece otro ataque de una persona muy enferma y trastornada”, para segundos después añadir “no podemos permitir que ISIS vuelva o ingrese a nuestro país luego de vencerlos en Medio Oriente y en todas partes. ¡Ya es suficiente!”. Ya a la noche, luego de comer alitas de pollo con papas fritas, Trump twitteó: “Me pudrí de este asunto de los inmigrantes. Acabo de ordenarle a Seguridad Interna que ponga en marcha nuestro Programa de Veto Extremo. Ser políticamente correcto está bien, ¡pero no para esto!”.

Adam B. Schiff, funcionario del FBI y del Comité de Inteligencia Interna a cargo de la investigación, declaró (obviamente también en Twitter): “Es de esperar ahora que la capital del califato ha caído, que aumenten los esfuerzos por demostrar que ISIS todavía es peligroso y letral, y expandir su virtual califato”. Mientras tanto, Macri puso a disposición de las familias todos los recursos del Estado para que puedan repatriar los restos de sus seres queridos.

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