Ninguna prueba contra Humala mientras García y Toledo se cagan de risa

por Alvaro Correa

Luego de 36 años Perú jugará nuevamente un mundial de fútbol, siendo éste el evento más trascendente de su historia en el siglo XXI. Es que políticamente, y a diferencia de la mayoría de los países de la región excepto los vecinos Chile y Colombia, viene siendo regido monótonamente por políticas neoliberales extremas, salvo una débil y flatulenta pausa durante la gestión de Ollanta Humala, que le valió estar hoy encarcelado, al igual que su esposa Nadine Heredia, como trofeo de guerra del nuevo aunque vetusto virrey Kuczinsky, que puso a los jueces y fiscales más canallas que encontró a trabajar para ello, sin tener la menor prueba de que recibieron fondos de Odebrecht y de Hugo Chávez para sus campañas, siendo ese el delito que se les imputa, disfrazado de “asociación ilícita para lavado de activos”, y por el que se los condenó a una “prisión preventiva” de 18 meses. La vaguedad de la acusación y la flojera argumentativa de los esbirros judiciales importó un carajo. El tibio líder seudo-nacionalista está encerrado, su familia destruida y su futuro político negro. Para colmo, tiene un padre cabrón, un hermano terrorista dispuesto a intentar alzamientos militares y algunos problemas de acondicionamiento en su celda vip. Es triste y penosa su situación, no se la merece, y le aconsejamos realizar un frente con el Camarada Gonzalo, lograr su liberación e intentar un nuevo Sendero Luminoso para el Perú. Sabemos que parece una propuesta irresponsable, pero el nivel de abyección de la impunidad de colegas ex presidentes, como Alan García y Alejandro Toledo, paseándose el primero orondo por las calles de Lima, y el segundo prófugo y con el semblante cirujeado, protegido en algún cuartucho provisto por sus amigotes del Mossad y la CIA.

El análisis del prontuario de Alan Gabriel Ludwig García Pérez es tan espeluznante como abrumador. A quien le atraigan los delitos económicos y financieros que cometen presidentes se entretendrá y tendrá lectura hasta su muerte, porque es inacabable la cantidad de desfalcos cometidos por el aprista que supo ser una promesa de la izquierda intelectual peruana. Hoy García goza de reputación dentro del asqueante poder judicial, y su modus operandi mafioso le permitió concretar más de mil sobreseimientos. Esto no obsta para que tenga aún varias causas pendientes de dictamen, ni evitó que se lo condenara mediáticamente, y se lo considere públicamente como un precusor de hábitos corruptos y un innovador en ingeniería delictiva de cuello blanco, profesión a la que se dedicó y dedica luego de su nefasta presidencia. En cuanto a su trayectoria ideológica, hoy podría ubicarse en el espectro de laderos de Vargas Llosa, custodio de un pensamiento esclavo que se cree liberal, asumiéndose como portador de la verdad de los mercados y conocedor de literatura clásica. En la última elección obtuvo un magro 6% de peruanos enamorados de su figura y su porte gigantesco, de sus discursos cínicos y sus declaraciones espontáneas.

La cuestión con Toledo es más corrosiva, la situación más ácida. Se va a cumplir un año de que se lo sentenciara a la misma prisión preventiva de Humala (18 meses, para que estén presos durante el juicio), y por la misma causa, recibir sobornos de Odebrecht. Pero Toledo se avivó y se tomó un avión a San Francisco (California, Estados Unidos), sumándose a la comunidad peruana que habita en la mítica ciudad californiana, solventada su fuga por su amigo y actual presidente PPK, además de principal cómplice de los actos de corrupción por los cuales solicitaron su captura internacional. De hecho y en la práctica, el virrey viene frenando el trámite, y es muy poco probable que se dé con el paradero de Toledo, por más que éste exhiba su lujoso estándar de vida y organice fiestas para los exiliados, como la que celebró para festejar el mentado retorno incaico a la cita mundialista. Ahora goza de la vida y el dinero robado en libertad, enrostrándole su condición al preso Humala y a millones de peruanos víctimas de sus desfalcos, con patéticos mensajes vía Twitter enviados desde computadoras israelíes.

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