Oxígeno donde no se necesita

por Claudia Soto

El año que viene, el argentino que no tenga Lebacs o cuentas offshore va a tener la titánica tarea de sostener su economía. ¿Por qué? ¿Por el pacto fiscal con las provincias? ¿Por la “modernización” de las leyes laborales? No, nada de eso, simplemente porque las riquezas producidas anualmente por todos los trabajadores se las van a apropiar los sectores más acomodados: grandes empresas, grandes millonarios.

De lo que recauda el Estado en impuestos y otros ingresos se van a calcular menos aumentos para jubilados, discapacitados y AUH. Literalmente quieren que a los sectores más vulnerables se los coman los piojos. Esto, aunque es una práctica extendida en el sistema capitalista, no siempre es bien recibido por las víctimas de semejante robo. No es necesario ser marxista para saber que cuando un sistema es muy injusto, habrá quien lo denuncie y lo intente cambiar. Para ellos también el gobierno, previsor, está organizando una respuesta contundente: balas de plomo ofrecidas por fuerzas policiales que serán condecoradas y protegidas de cualquier intento por juzgarlas por dichos crímenes. Ayer un villero, hoy un mapuche, mañana un desocupado o un jubilado “combativo”.

Si el impacto de un gobierno de derecha en dos años de gran inflación, tarifazos y boom de importaciones les parece que afectó el tejido social, pues sólo piensen lo que significará que aquellos que se gastan todo en consumo interno se vean brutalmente empobrecidos. No sólo es el festín de los especuladores que se llevarán todo el dinero que se pueda o capitalizarán las miserias ajenas. También es el festín de los sociólogos, que van a poder escribir ríos de tinta sobre este nuevo proceso de empobrecimiento, similar pero nunca igual al que se sufrió con la dictadura o con el menemismo/1ª Alianza. Entre marcha y sindicato, los intelectuales progres van a poder dar cuenta de los fenómenos asociados a ese empobrecimiento: desestructuración de la vida cotidiana de estas personas, que dejan de estudiar, de comer, de tener salud. Encontraremos nuevos lugares que se convertirán en territorios caracterizados por suicidios, violencias, desnutrición. Por supuesto que puede estar pasando en cualquier barrio o en las mismas narices del lector que no será capaz de entenderlo, porque jamás va a leer un paper académico que lo describa en detalle, porque el Facebook bombardea con fragmentos de noticias tontas, banalizadas y mentirosas.

Quien todavía mira televisión seguramente tendrá cero de actividades cerebrales: solamente reirá como un estúpido ante los videos que ya se vieron y compartieron por Facebook, Twitter o Whatsup. Tal vez vuelva el reality de la pobreza: esas notas que tan sobriamente presenta el amargo de Biasatti: “el nono que junta botellas para comprar los remedios de su nieta”. Marketinizadas las coberturas, con un lenguaje  pseudoreligioso, símil al del onegeismo medioambiental, tal vez no cultiven la posverdad con el mito de que los rosarinos comen gato. Eso hoy es politicamente incorrecto, está out. Hoy el pobre es un “colaborador” social muuuy importante. Ama a los animalitos, recicla y lo que es mejor: no se queja. Es un mundo feliz.

La Ley previsional que se está aprobando en el Congreso es la que dará oxigeno al gobierno de Cambiemos. Es la señal que necesita el establishment global para seguir prestando plata que sostenga los trapos. Dinero que seguirá siendo usado para la timba y fuga financiera y que en algún momento dejará de ser prestado, cuando ya no queden “señales” de poder sacarles un centavo más a los pobres. Imposible saber cuándo se pare la rueda, es más fácil saber quiénes pagarán los costos. A menos que se propongan salidas concretas de este carnaval neoliberal, el desastre y colapso absoluto están a la vuelta de la esquina.

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