Piñera se apodera nuevamente de Chile

por Máximo Redondo

Al ver, escuchar, leer y revisar las noticias sobre las próximas elecciones en Chile, a un alma sensible le da escozor cerciorarse de los negocios sucios y obscenos que hay detrás de las elecciones y de toda la actividad política en general, y que la democracia es sólo un instrumento para que las élites sigan manejando los asuntos públicos a su antojo, enriqueciéndose y explotando a las clases subalternas, en términos gramscianos. En Chile las políticas públicas no se deciden en las urnas sino en el escritorio de los ricos, y en esta ocasión todas las encuestas dan por ganador al ex presidente Piñera, quien retoma la posta para suceder a Bachelet, cuya Nueva Mayoría se fue al tacho luego de un segundo mandato tan mediocre y decadente como el primero. Y el segundo de este empresario chileno, que comparte múltiples características con su par Macri –principalmente el ser destacados delincuentes de cuello blanco y empresarios dedicados a hacer dinero con triquiñuelas y estafas financieras-, amenaza ser peor aún, y terminará de liquidar las esperanzas de una izquierda ilusa que jamás se percató de que el pinochetismo, como cultura y modo de vivir, está fuertemente arraigado en la sociedad chilena y pervive en el pensamiento de la mayoría de los ciudadanos.

Lo más triste es que quienes compiten como el empresario son una nulidad y pasados 45 años aún no se vislumbrá quién será el heredero del heroico Salvador Allende. Candidatos de simpatías izquierdistas, como Guillier y Goic, sólo presentaron planes continuadores de las nefastas reformas del presente gobierno, o una tibieza que lejos está de convencer al chileno que se muere de hambre en las sobrepobladas callampas. La alianza conformada por la actual presidente se deshilachó patéticamente: carece de ideas, liderazgo y visión, recalando en una “media tinta” contagiosa, que según algunos especialistas ha dejado a Chile afuera del mundial de Rusia, lo que aún se vive como una tragedia.

Ahora, pensando en lo que viene, si uno se pregunta quién es Piñera, en vez de apelar a Wikipedia debería indagar en la Policía de Chile su prontuario, o acudir a una hemeroteca para leer las crónicas de sus bufonadas y su incontinencia verbal. Al ex y futuro presidente de Chile le gusta exhibirse como un hombre que ama a su prójimo, honesto y con el corazón en la mano, portador de la verdad, así de mesiánico es Tatán. El no es un derechista-pinochetista clásico, clasista y totalitario, sino que ideológicamente abreva más del pragmatismo y el vacío mental de los empresarios de su estirpe. Sólo le interesa acrecentar su fortuna y negocios, y desde la presidencia este propósito lo puede desarrollar con total impunidad, y acorde con su carencia absoluta de moral. Es engañador y muchos chilenos pensaban que se habían desembarazado de sus garras…

Fue y es simpatizante de la dictadura pinochetista, siendo jefe de campaña de Hernán Büchi, el favorito del general, en 1990, desde donde atacó a Patricio Aylwin (luego presidente), aseverando que su acceso a la Moneda amenazaba la paz social alcanzada por su admirado “Pinocho”, a quien defendió a capa y espada cuando lo detuvieron en Londres, llegando a llorar incluso por la suerte final corrida por el genocida máximo de Chile.

Fue Sebastián Piñera Etchenique quien pergeñó la estafa -y consiguiente quiebra- del banco de Talca del cual era gerente, librándose de la orden a arresto librada por el juez Correa Bulo sólo porque al igual que su colega argentino Macri, desde sus inicios en el hampa se preocupó por obtener el amparo de los funcionarios judiciales y policiales de todo el país.

En verdad, Piñera nunca ha creado empresa alguna, aunque le agrada pasar por “megaempresario”, él sólo es un hábil especulador financiero sustentado en sólidas redes familiares y políticas. Todo lo que realiza tiene su sustento en la ideología especulativa-comercial que conoce y maneja a la perfección. También igual que Macri, se involucró en el fútbol profesional y allí se nutrió de conexiones con lúmpenes, prebendas políticas, paraísos fiscales y poder mediático. Las similitudes con su par trasandino pueden considerarse espeluznantes…

Es soberbio, cretino y desconoce la vergüenza. No reconoce que hay una indesmentible mayoría ciudadana que lo desprecia. Sabe que el ausentismo electoral en Chile es enorme, y que la plata puesta en la campaña le va a alcanzar para apropiarse de la presidencia, al estilo Trump (sin una mayoría del pueblo que lo quiera, sino más bien que lo detesta profundamente).

Piñera, como Macri, está acostumbrado a mentir con liviandad patológica, a apropiarse de éxitos que no le corresponden, y a acusar a otros de sus propias fallas y exabruptos, respondiendo a todos los cuestionamientos con el mismo discurso cheto de víctima que no entiende lo que está sucediendo, al estilo de Micky Vainilla. La constitución pinochetista de Lagos es una porquería que posibilita el nuevo mandato del empresario. Chile perderá y él saldrá triunfante y sonriente de La Moneda, mintiendo de que ha logrado reducir la pobreza en el país.

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