Segunda (y última) carta desde el submarino perdido

por Agencia Maldita Realidad

“Aguantamos todo lo que pudimos, nadie sabe lo que pasó, hubo un cortocircuito y de repente el sistema de ventilación del submarino empezó a tambalear. Ya habíamos reportado la avería en el tanque de baterías Nº3, que las baterías de proa estaban fuera de servicio, y que al momento de inmersión se estaba propulsando con el circuito dividido.  Pero nos habían asegurado que llegábamos tranquilos, “con la fusta bajo el brazo” –repitió el maquinista principal la extraña metáfora burrera con la que contestó el operador de Comodoro Rivadavia. Pero no acertó, comenzó a filtrarse agua que utilizamos para apagar el pequeño incendio que paralizó todos los motores. Ningún dispositivo de emergencia funcionó y nos fuimos a pique. ‘Aquí no nos va a encontrar ni Magoya’” -expresa lúgubremente el encabezamiento de la misiva del submarinista escritor.

“No queda otra que dejar testimonio con el lápiz y papel que me traje para la ocasión, para que el mundo se entere de lo que pasó aquí adentro. Estábamos haciendo maniobras con los gringos, paradójicamente, se simulaba el rescate de la nave. Las lanchas torpederas subacuáticas gringas se equivocaron y extinguieron las fuentes de energía del submarino. A partir de ese momento perdimos el contacto con todas las bases de la costa argentina, y prácticamente nos hundimos hasta el fondo del océano. Al punto de que estoy temiendo si no apareceremos en el magma de algún volcán en Alaska”.

“Apenas sucumbimos a nuestro destino, la ansiedad se apoderó de la tripulación, y rápidamente ésta se transformó en locura y desesperación. Disponíamos de víveres y oxígeno para quince días, cosa de darle tiempo a la tecnología de última generación (se supone) de los yanquis, que terminará sacándonos del apuro, al menos es lo que todos aguaradmos. Resulta que ya estamos llegando al día 15 y la cosa se está poniendo espesa acá adentro. Dos suboficiales intentaron volarse los sesos y felizmente fallaron al arrojarse valientemente la teniente Krawczyk sobre sus armas aprestadas y quitárselas con la destreza de una avezada combatiente. La mayoria de los cabos y tenientes están deprimidos o descompuestos. El único entretenimiento en esta espera de la muerte es conversar con los sobrevivientes y transmitirnos fe y esperanza en Dios y en Macri, aunque sabemos que el ministro de defensa es un desastre y varios expertos opinan que el presidente, como comandante en jefe de las fuerzas armadas, mejor perderlo que encontrarlo. Así que estamos metidos en un problemón y jodidos como nunca en nuestras vidas, rezando y aguardando un heroico rescate de la Armada Argentina. Tengo que expresar mis ganas de vivir, mi deseo de abrazar a mi mujer y mis hijos, mi relato de la experiencia que estamos atravesando, ¿seremos héroes para la patria?”

“Todos hablan de sus familias, de su pasado y sus creencias. Los capitanes intentan milagros con sus celulares pero hace rato que todos perdieron señales. Acá no hay salida de emergencia. Tenemos trajes de buzo preparados por si ocurre un milagro salvador, que de ello depende nuestras vidas. Sé que nuestra misión es un secreto de estado, pero en la situación en la que nos encontramos puedo decir tranquilo que no la pudimos cumplir, y que estamos muriendo en el intento. Los yanquis se las van a ver negras si pretenden hacerle la guerra a China o a los rusos, ya me habían dicho varios instructores que venían haciendo cagadas, militarmente hablando. En Afganistán los talibanes les están dando la biaba, y parece que con el coreano loco Trump arruga. Los tipos sólo sirven para hacer buenos golpes de estado en Latinoamérica, nada más, son unos auténticos hijos de puta que tienen el poder de destruir el mundo en menos de un segundo. Y ellos nos metieron aquí y nos tienen que sacar, que se sepa eso, que se entere el mundo aunque nos encuentren los extraterrestres que vengan a ocupar la Tierra después de que el hombre se autoaniquile.”

Pasadas dos semanas de su desaparición, el ARA San Juan permanece en las nubes densas del misterio y el “top secret” de infames servicios de inteligencia como el argentino actual.

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