Del Libro de las Horas

Aquí la luz te deja solitario,

desvaneciéndose como lo hace el atardecer

que tarda demasiado en llegar.

Por la mañana la montaña se mueve un poco más cerca del sol.

Este valle no pertenece a nadie,

excepto a los pájaros que se llaman unos a otros con sus canciones al amanecer.

Qué tienen de bueno los deseos si

no son usados sobre la lámpara de tus brazos.

El azul más brillante detrás de las nubes,

percibimos lo que vendrá luego,
no como la montaña, que lo sabe en los huesos,

una música demasiado alta para escalar.

El mundo quemado, brumoso, donde termina el paisaje,

el viento patea el olor de los establos donde
los cascos de los caballos no corren igual suerte,

aunque más allá. Salvo un peso.

Salvo un cuerpo que se inmola, ruega por correr.
La góndola abandona justo después de las nubes.

Los altos postes telefónicos cruzan el camino.
Vayamos cada uno al valle, cambiémosnos adentro, y nuestras camisas,

dejemos el mundo anhelante por una vez,

negra como un ojo magullado,

la noche iluminada por la mañana, amarilla,

luego gris, un recuerdo.

Así era la luz.

Todo el día un calor pesado,

abrigo coloreado,

quiero descansar como el cordero,
acostado y acostado hasta irse,

El fresco del amanecer y atardecer en este valle,

el cañón entre nosotros respalda nuestros ecos.
Gime y se hace camino.

La furia pequeña del sol me alimenta.
El viento se está muriendo,
nos demoramos y vacilamos,

luego nos levanta, hacia el brillo de alrededor,

oh, atardecer, oh, la música,

mientras nos remontamos es pequeño, aún satisfactorio.

Lo que quieras, nadie o nada llenará nuestro breve periplo.

Por arriba incluso de los pájaros, aleteando hacia el cielo,

es duro abandonar el mundo o aterrizar en él, debe terminar.

Digo hacerlo. Volver lentos nuestros pies,

encontrando el sol, visto desde arriba,

este mundo se parece a nosotros,

mayormente sal, agua oscura.
La muerte allí no es una cura para vivir una larga enfermedad.

Si tenemos suerte. De otro modo, será un viaje corto al más allá.

Y abajo. Al mediodía la sombra creciendo.

Persigo el silencio alrededor de la casa.
Pronto el sonido del viento hace su camino contra los cristales.
Bienvenida la lluvia.

Bienvenido el soslayo de la luna en el espacio,

los árboles se inclinan como sacerdotes.
La tormenta levanta las hojas. Por qué no cantar.
Kevin Young, traducido por HM

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