Duterte, el peor presidente de 2017

por Agencia Maldita Realidad

Sí, aunque haya sido elegido como el mejor de 2016, la performance de Rodrigo Duterte durante 2017 al mando de Filipinas fue tan errática como espantosa, para posicionarlo sin dudas como el peor presidente de 2017, y lo hacemos aunque los lectores crean que somos saltimbanquis o poco consistentes en nuestras posturas. Es que en esto de ejercer el cargo principal de un país los vaivenes suelen ser súbitos y violentos. Y también nos sustentamos en las acciones y declaraciones de Duterte, que además de ser provocadoras y temerarias, lo asemejan a un matón de pacotilla, de película de Bruce Lee.

El presidente se ufana de que se cargó su primer muerto a los 16 años, y que desde que asumió la presidencia del país, ya se ha cargado (él, personalmente), a más de 100 tipos (traficantes de drogas o terroristas del Isis, según sus apresuradas apreciaciones). Mucho aspaviento hizo antes de la cumbre de Cooperación Económica de Asia Pacífico, a la que acudió Donald Trump, anticipándose a las posturas del “matón principal del mundo” (también patán), aclarándole que no le venga a hablar de “derechos humanos” y de “toda esa basura”, y que más vale que mantenga la mirada alejada de su país, y su guerra personal contra el narcotráfico y el terrorismo, enemigos tan ambiguos como amigables, ya que le sirven para justiicar sus crímenes y compras de armas.

El filipino comparte con el yanqui no sólo la posesión de inmensas fortunas, sino su tendencia a exagerar y sus palabras denigrantes hacia las mujeres y colectivos de inmigrantes, así como ataques a la prensa y su desprecio absoluto por los pueblos que dicen defender. Cuando se encontraron en la mencionada cumbre, Trump lo felicitó por su supuesto éxito en la guerra contra las drogas, cuando cualquier filipino puede atestiguar que esta guerra no es otra cosa que una excusa para poner en marcha su parapolicial maquinaria de muerte para, precisamente, apoderarse del negocio de las drogas en su país.

Si uno rastrea su origen e inicios, hallará que Duterte es un hijo de millonarios, adolescente problemático que, apodado ‘el castigador’, desde niño manipuló revólveres y se dedicó a cuanta actividad turbia se desarrollara en Manila. Siendo “un hijo del poder”, siempre la Justicia filipina lo apañó y le garantizó la impunidad más asqueante.

Demostrando que lo suyo no es sólo barbarie y la imposición de las armas, Duterte estudió Derecho y se convirtió en fiscal del Estado, hasta abrirse paso en la política como alcalde de Davaoun cargo que ocupó por más de 20 años. Su psicólogo ha manifestado que Duterte padece un desorden de personalidad narcisista, con tendencias agresivas entre las que se destaca un “sentido grandilocuente de sí mismo y de los privilegios que cree merecer” y “una tendencia constante a menospreciar y humillar a sus semejantes”.

Durante su primer año de gestión, 20.000 filipinos fueron asesinados por fuerzas policias dirigidas y encabezadas por el presidente, que armó varios escuadrones de la muerte, al estilo de las dictaduras más salvajes que se conocen. Sin embargo, la violenta campaña de Duterte sólo ha incrementado todos los índices delictivos filipinos, y no ha resuelto ni uno de los problemas asociados a las drogas. Se sabe que es un criminal sin fisuras, y que hace lo que quiere con los ciudadanos filipinos, a quienes considera personas de su propiedad.

Finalmente, en la cumbre asiática en la cual participó Estados Unidos, ante las expresiones amistosas del arrogante patán yanqui, terminó lamiéndole las botas y comprándole todo un arsenal que le servirá para continuar acribillando opositores e inocentes. Los torturados por su régimen se cuentan también de a miles, y seguramente comparten la decisión de Maldita Realidad de declararlo el peor presidente de 2017.

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