Estados Unidos trumposos

por Hugo Muleta

Si Satya Nadella, CEO de Microsoft, admite que la globalización disribuye riqueza en forma inequitativa, y cada vez más desde que se predican nacionalismos y proteccionismos egoístas y racistas, como los de Trump en Estados Unidos, May en Reino Unido y el mismo Xi Jinping en China. Todos los empresarios mafiosos que han llegado a la presidencia o jefatura de gobierno de su país han pregonado ideas de derecha que calzan en el pensamiento del 1% que no sólo se ha apoderado de los recursos naturales del planeta y de la vida de millones de trabajadores, sino que dicta las políticas públicas a implementarse en cualquiera de las potencias mencionadas. Nadella hace referencia a un “movimiento populista nacionalista” como la etapa de un proceso que se inicia, y que pocos saben dónde puede desembocar.

Desde que Trump asumió la presidencia los homicidios en las ciudades estadounidenses han seguido un infeliz patrón: se concentran en determinadas áreas (clusters), en las que la gente muere a un ritmo inusitado, en tanto otros espacios de las mismas ciudades –barrios privados y mansiones de multimillonarios- revelan estadísticas positivas sin precedentes. Vecindarios altamente pacíficos conviven con otros en donde la muerte violenta de afroamericanos y latinos pobres es moneda corriente. Los analistas de la política interior estadounidense sostienen que esta disparidad se debe al aumento del desempleo, la segregación y la creciente brecha entre pobres y ricos. Hay una fragmentación y un olor a lucha de clases horrible, las escenas de pobreza son más patéticas que las de cualquier otro país del mundo, pues pintan con crudeza toda la miseria del alma humana.

La reciente aprobación de la reforma fiscal trumpista representa una hecatombe definitiva para los yanquis pobres. Básicamente, recorta más impuestos a billonarios, millonarios, herederos e intermediarios financieros y desarticula los sistemas de salud y educación públicos. Se prevé que este programa impositivo concentre en el 2027 el 83% del recorte a favor del 1% más rico. La economía estadounidense se concentra cada vez más en menos manos. Los think tanks del Tea Party y el lobby de la ultraderecha israelí están de parabienes en sus fortalezas, y muchos ya han construido refugios para sobrevivir a cualquier catástrofe, a costa del 99% expuesto a las contingencias del mercado y a sus caprichos.

Las políticas públicas impulsadas por el estafador y ex conductor de reality shows impactan en el escenario global, ya que en varios países se han aprobado reformas similares que recortan impuestos a las grandes corporaciones y plutócratas, remedando planes y programas de ajuste que sólo aumentan el malestar y malhumor de las vastas poblaciones saqueadas y defraudadas. En efecto, para compensar el desfinanciamiento estatal el congreso estadounidense aprobó una reforma en el sistema de cobertura de salud, que permitirá ahorrar más de 300.000 millones de dólares en 10 años, a cambio del desamparo sanitario de 4 millones de estadounidenses en el corto plazo, lo que se elevará a 13 millones en 2027, según la prospectiva de la Oficina de Presupuesto del Congreso.

Incentivando la imbecilidad y el patriotismo barato del yanqui promedio, Trump ha puesto en marcha un gobierno de multimillonarios que han llevado a la práctica los sueños del nacionalismo blanco estadounidense.  La amenaza de enemigos internos y externos es sólo una distracción para llevar adelante su ingeniería de exclusión y pauperización de la sociedad estadounidense.

En su proyección internacional, las tecnologías de su aparato militar industrial, gestionadas por la CIA y el Pentágono, funcionan como motores burocrático-desarrollistas de una economía inexistente y un aparato de guerra que sólo siembra anarquía, destrucción y muerte de civiles. A la hora de hacer pronósticos, podría decirse que Estados Unidos ha comenzado una etapa vertiginosa de su decadencia. Las formas de gobierno extremadamente tontas y autoritarias siempre desembocan en grandes kilombos y convulsiones sociales. A Maldita Realidad no le alcanzan las estúpidas matanzas y tiroteos de rigor que se suceden en las ciudades yanquis: la sociedad tiene que explotar por otro lado.

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