Magufuli, el mejor presidente de 2017

por Agencia Maldita Realidad

La actualidad del continente africano siempre está plagada de guerras tribales, descuartizamientos, genocidios, islamismo radical, explotación de recursos naturales, neoesclavismo, revoluciones fallidas y dictaduras triunfantes. La neblina mediática sólo da a conocer novedades africanas cuando alguna ONG o miembro de Naciones Unidas denuncia un hecho espeluznante, lo que convence a los ciudadanos de países occidentales que están bárbaro y que sus instituciones y democracias gozan de buena salud. Muy escasos cronistas han dado a conocer la brillante gestión presidencial de John Pombe Joseph Magufuli, el presidente de Tanzania, un excéntrico profesor de química y matemáticas, de 59 años, que con un par de leyes y políticas públicas ha emprendido cambios ejemplares y copernicanos en su país. Su primer decret propuso limpiar su gabinete de holgazanes y oportunistas, para lo cual les tomó él personalmente una prueba/entrevista. Apodado “Bulldozer” (“Tingatinga” en swahli), Magufuli exige y asfixia a sus ministros hasta lograr las metas que se propone, como  “recaudar fondos suficientes para ofrecer educación gratuita a millones de tanzanos empobrecidos por los anteriores gobiernos”. Entre otras medidas encomiables, dispuso no celebrar la independencia de Tanzania argumentando que era “vergonzoso gastar tanto dinero” cuando en el país mueren de hambre y cólera miles de personas.

 

Con fines similares, redujo drásticamente los funcionarios autorizados a participar en viajes oficiales [y eliminó las cenas reservadas a los diputados antes de la apertura de sesiones del Parlamento. De este modo logró ahorrar millones de dólares que destinó a la compra de medicamentos, camas y sábanas para los hospitales destartalados, llegando a reducir su propio salario de 100.000 a 7.000 dólares. Magufuli es el único presidente del mundo que lucha contra la evasión fiscal a gran escala, y ha denunciado a varios colegas suyos evasores y lavadores de dinero, como el argentino Mauricio Macri.

Pero Magufuli no se conforma con cultivar una ética intachable y aplacar las necesidades de los tanzanos desposeídos, también somete a severas inspecciones a empresas transnacionales mineras y petrolíferas, que han debido duplicar sus impuestos en el último año, solventando los gastos del área de Cultura y Vivienda. El mismo encabeza las negociaciones con cualquier empresa y gobierno extranjero que pretende radicarse en el país, y les explica amablemente las condicionesLa cumplir si quieren explotar el suelo y los frutos de Tanzania, advirtiéndoles que no se les ocurra lucrar con el trabajo de millones de tanzanos y tanzanas.

Los amantes de las piedras preciosas saben que Tanzania es territorio de diamantes puros, en flor y en bruto, que despiertan la codicia de cortes europeas, orfebres y espías militares. En el último mes, Magufuli firmó un decreto por el cual ha nacionalizado las piedras preciosas, lo que ha provocado la desazón y estampida de miles de ruines explotadores que acudían al país para robarlos y malvenderlos.

Su obra como presidente se resume en la siguiente definición del principal medio francófono del país: “Las élites lo detestan pero el pueblo lo adora. No es de extrañar, en consecuencia, que la presidencia de Magufuli haya desatado la ira de Estados Unidos, los medios de prensa hegemónicos y las pequeñas oligarquías locales, que han hecho lo imposible por derrocarlo y minar su poder. Pero Magufuli es un rebelde y su labor como presidente ha favorecido en forma evidente a su pueblo, que por primera vez en la historia se ha levantado para cantarles unas cuantas verdades a los imperios, empresas y potencias extranjeras que pretenden colonizarlo.

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