República Centroafricana: otro desastre humanitario ninguneado de nuestro tiempo

(Agencia Maldita Realidad)

El responsable de la Misión de las Naciones Unidas en la República Centroafricana (MINUSCA), Parfait Onanga-Anyanga, conversó telefónicamente con nuestra agencia sobre la angustiante situación humanitaria que padece esta nación africana. Según sus propias palabras, “la población desplazada vive en estado calamitoso, deambulando de pueblo en pueblo en una vana búsqueda de agua y/o comida”. A continuación desgrabamos su largo monólogo sobre el panorama negro que se cierne sobre esta devastada nación.

“El contexto es brutal, guerrillas de diversas etnias y grupos armados con intereses encontrados se han apoderado de las principales ciudades del país. Los que tienen más fuerza son los selekas y los antibalakas, pero hay otras fuerzas irregulares que cometen crímenes siniestros en aldeas indefensas.

Onanga-Anyanga enfatizó la necesidad de encauzar el rumbo político del país ante la inexistencia de instituciones estatales sólidas. En lo que va del siglo XXI la República Centroafricana conoció un único estado o cuadro de situación: la guerra permanente, el salvajismo de quienes huyen de poblados postergados que van muriendo de inanición.

La desnutrición es es el principal síntoma que sufren los millones de centroafricanos que logran cruzar a algún país vecino. Por ejemplo, desde fines de agosto Camerún recibió a 236.000 refugiados centroafricanos, aunque a la mitad no pudo salvarlos y acabaron muriendo cerca de Batouri. Tuvieron que hacer una gran pira con los cadáveres para exorcizar las enfermedades horribles que padecían. Los niños son tratados de su malnutrición severa con medios y recursos escasos. La mayoría de los desplazados son menores de 18 años y ya sufren consecuencias irreversibles para su desarrollo.

Onanga-Anyanga advierte que si el nivel de violencia continúa de manera descontrolada, ya va a perder totalmente sentido cualquier misión humanitaria, pues salvo terroristas y guerrilleros caníbales, no quedarán otros civiles en este país, asolado actualmente por miles de asesinatos, robos, saqueos y secuestros diarios.

En Bangui, la capital de la atormentada república, miles de personas ocuparon antiguos hangares y aviones abandonados en las cercanías del aeropuerto internacional de Mpoko, encontrando allí lugares para colgar hamacas paraguayas y armar campamentos improvisados donde malviven a sus anchas. La comida que se consigue en estos nuevos barrios es absolutamente insalubre, las condiciones higiénicas son inhumanas y están muriendo más de cuatro niños por día que son suplidos de inmediato por los que nacen o por nuevos ocupantes. El lugar es recomendado porque está alejado de los sitios donde se suelen armar balaceras o que son bombardeados por alguno de los ejércitos irregulares activos en la región. La mayoría de los habitantes de Mpoko se pasan rezando todo el día, esperando un milagro de algún dios o fetiche que los deposite en otro mundo, o al menos los ayude a intentar el cruce del Mediterráneo. Compiten por ello en desventaja con desplazados y refugiados de otros países africanos, con crisis humanitarias tan lacerantes como la que ellos padecen a diario, pero que tienen la habilidad para procurarse el mínimo dinero requerido para el viaje a Libia o a otro país norafricano, y se las arreglan para chapotear alguna palabra de inglés o francés, y ser elegible para convertirse en “negros civilizados”.

“Los medios de comunicación internacionales ignoran lo que sucede aquí. Luego de que se retiraron las tropas francesas, pensamos que la nación centroafricana se iba a encarrilar, pero los combates recrudecieron y la violencia se hizo palpable en las calles, lo que provocó nuevas oleadas de desplazamientos forzados. De las emergencias humanitarias que afronta el mundo (además del genocidio rohingya en Birmania y las masacres saudíes en Yemen, parece de las más apremiantes), la de la República Centroafricana es la que tiene mayor déficit de financiamiento. Se ha dejado de enviar fondos a la MINUSCA (de hecho, esta comunicación la pagó Onanga-Anyanga con sus propios medios) ante las quejas y lamentaciones de millones de centroafricanos que continuarán escapando inútilmente de la violencia y el hambre, para caer en un campamento de refugiados donde lo más probable es que sean violados y revictimizados por los soldados inescrupulosos que suele enviarnos la ONU.

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