Rohingyas del mundo, ¡a matar o morir!

por Yusef Alip

Según la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) la situación del pueblo rohingya en Birmania se ha tornado espantosa desde que el Tatmadaw (ejército birmano) ha comenzado a perseguirlos y quemarlos vivos desde que se defendieron causándole la muerte a un guardia birmano en una escaramuza aislada. A los rohingyas les reservan muertes y torturas horrendas, usando sus verdugos fósforo blanco y otras sustancias tóxicas para envenenarlos. Ya llegan a 700.000 los que se han refugiado en campamentos de desplazados en Bangladesh, habiendo logrado escapar del pertinaz genocidio de las fuerzas birmanas.  La campaña de terror no sólo incluye el incendio de cientos de aldeas, la persecución de los sobrevivientes, la violación sistemática de hombres y mujeres, así como el minado de los aledaños del río Naf, límite entre Birmania y Bangladesh, por donde las caravanas de perseguidos huyen desesperados. Los rohingyas con un mínimo de orgullo y convicción, armaron el Ejército de Salvación Rohingya de Arakán (ARSA) y el Harakah al-Yaqin (Movimiento de la Fe), grupo cercano a Al-Qaeda, pudiendo asestar golpes importantes en puestos de la policía y el ejército en la provincia de Rakhine. Sin embargo, grupos como 969 (fundamentalistas budistas) o el  ultranacionalista e islamofóbico Ma Ba Tha (asociación patriótica de Myanmar), ejercen la violencia a piacere contra la mayoría de los indefensos rohingya.

 

La última matanza importante fue  la de Tula-Toli, una aldea del municipio de Maungdaw, cuyos habitantes ya habían sido víctimas de un ataque de las fuerzas de seguridad. Tras la fuga de los sobrevivientes, un grupo de unos noventa efectivos se lanzó en su persecución, y fueron alcanzados en la orilla del río, cuya corriente encabritada detuvo a los fugitivos en la playa, donde fueron acribillados por la partidas armadas del ejército, mientras otros se lanzaban a las aguas para morir ahogados. En ese hecho murieron más de 500 aldeanos, entre ellos 300 niños.

En el último mes el gobierno birmano arrestó a varios periodistas extranjeros que viajaron para investigar el genocidio. Entre ellos hay enviados de grandes agencias estadounidenses y británicas. Hasta el mismo Francisco viajó a Birmania para pedirle a la presidente premio Nobel que detuviera las atrocidades reportadas no sólo por las víctimas, sino que los propios asesinos se ufanan de la cantidad de rohingyas que han matado o violado en sus cuentas de redes sociales. Pasados varios días de su visita, a los rohingya los siguen quemando vivos cuando los encuentra el Tatmadaw, que parece no tener piedad tampoco con los periodistas locales. Los criminales siempre se preocupan de borrar huellas y garantizarse impunidad.

El conflicto del genocidio rohingya ha despertado el interés y la atención de algunos líderes sensibles, con complejos de culpa sólidos. El principal temor de las autoridades bengalíes es que se reproduzcan las diversas epidemias que afectan a los musulmanes desheredados, desde la ictericia aguda a la diarrea acuosa recalcitrante, pasando por la peste y la sarna. Otro factor negativo es el rechazo y el asco que le tienen a los rohingyas tanto en Bangladesh como en la India, donde los hinduistas también los han sometido a persecusiones y vejaciones inenarrables.

El sentimiento anti-rohingya ha calado hondo en el sur del continente asiático, y nadie se propone para acoger a ni una familia rohingya, a quienes les atribuyen ser depravados o terroristas. Si retornan a Birmania, los rohingyas no tendrán otra opción que luchar o morir. Por lo que el reclutamiento  en el Ejército de Salvación Rohinyá de Arakán parece ser, por el momento, la única salida laboral o proyecto de vida viable.

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