Tías

Hay un modo en que una mujer no abandonará su libro de bolsillo,

aún empujada a escena o convocada al púlpito,

hay un modo en que sólo tu tía puede hacerlo saber bien,

arroz y salsa es una comida si mi gran tía Tota la hacía,

las tías cocinan como si no hubiera mañana,

y tienen razón.
Demasiado es cómo mi tía Teresa le echa pimienta a todo,

su nombre se lo dio mi padre, cuatro,

viendo su sonrisa en su cuna.

Hay un balde lleno de agua de lluvia

junto a la casa de la infancia donde mi padre se caería,

tratando de verse a sí mismo –la espalda-,

y allí su hermana Margarita tomándolo del pelo largo como superstición.

No importa el matamoscas con el cual te cazaron alrededor de la casa y en el jardín,

listo para azotar las luces de día que salen de ti,

aquello es sólo una amenaza,

las tías te curarán,

papas, ensalada y te guardarán algo.

Las madrinas que nos envían los dioses,

las tías fuman como si estuviera perdiendo estilo, y lo está,

hacen incluso que los dientes de oro se vean bien, brillantes,

diciendo que seré John, en un suspiro.

Hacen un camino cuando no hay salida,

mantienen la clave en la escala que pesaba el algodón,
la caña que levantamos más que nuestra parte,

si no ellas, ¿entonces quién conquistará el cielo?
Agarrando fuerte sus libros de bolsillo en las puertas nacaradas, por si acaso.

 

Kevin Young

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