Aplastante victoria del comunismo nepalí

por Hugo Muleta

Junto con Tibet y Butan, Nepal comparte el techo del mundo ubicado en la cordillera del Himalaya. Territorio de peregrinaje de hipsters y hippies occidentales, amantes de “experiencias extremas” y del misticismo, su principal fuente de ingresos históricamente ha sido el turismo, y para algunos maestros del yoga y otros artes orientales, la religión. No hay que desmerecer la veta emotiva que transmite estar en “lo más elevado de la tierra”, y ver una gran bandera roja ondeando en la cima del Monte Everest tiene una enorme trascendencia en tiempos en que los conflictos mundiales se dirimen en guerras de cuarta, quinta o sexta generación, con botones nucleares que parecen tener un poder destructivo enorme, como alardean líderes canallas de la talla de Trump o Macron. El comunismo ha triunfado ampliamente en las recientes elecciones celebradas en este exótico país del sur de Asia, conquistando en el parlamento una mayoría que alcanza los dos tercios, y está habilitado para reformar la Constitución e implantar reformas agrarias y expropiaciones que ya erizan la piel de los occidentales que han estado haciendo negocios en el país, exprimiendo a fondo su delicada y altamente capacitada mano de obra.

Los comunistas se impusieron tanto en el campo como en las ciudades, arrasando en la célebre Katmandú, donde se festejó hasta el amanecer la victoria de un partido que parecía haber quedado oculto en el arcón de los olvidos, con tanta corriente de derecha y neoliberal destruyendo países y el planeta en su conjunto. El próximo primer ministro, KP Oli, se mostró cauto a la hora de las declaraciones a la prensa: “Hemos visto en el pasado que la victoria tiende a hacer a los partidos arrogantes y estúpidos. Las oligarquías tienen miedo de que se instaure un Estado opresivo, y que seamos indiferentes a sus pretensiones. Y tienen razón, necesitamos revertir años de mal gobierno y corrupción, y asumiremos el poder con la responsabilidad de distribuir las riquezas de nuestro querido país, y promover su desarrollo económico, social y educativo, requiriendo para ello decisiones y medidas firmes, sustentadas en la sabiduría milenaria del pueblo nepalí”.

El perdedor partido gobernante se encuentra atrapado en un sinnúmero de casos de corrupción, peleas internas y una absoluta falta de proyecto de país. Cuando el año pasado la India cerró sus fronteras con Nepal, se callaron y permitieron que los hindúes desplegaran su bloqueo económico cómodamente, lo que ha empobrecido dramáticamente a buena parte de la población nepalí.

En cuanto a los antecedentes del partido comunista, durante la década de 1996 a 2006 mantuvo una lucha armada que le costó la vida a 17.000 combatientes y la prisión a 8.000. Poco después se abolió la monarquía como régimen de gobierno y en 2015 una Asamblea Constituyente redactó una constitución dictada por las élites gobernantes, lo que se plasmó en una rápida sucesión de 10 primeros ministros que sólo lograron aumentar los niveles de corrupción en las esferas de poder y las escenas de pobreza extrema en las aldeas más desfavorecidas.

La estrategia para la victoria se basó en la unión de las dos principales corrientes del comunismo nepalí: los maoístas y el Partido Comunista de Nepal (Unificado Marxista Leninista), quienes plasmaron en las grandes alturas del país el lema “la unión hace la fuerza”. El líder maoísta Pushpa Kamal Dahal (también conocido como Prachanda), festejó la victoria en la circunscripción de Chitwan. “Esto se lo dedicamos a todos los occidentales imbéciles que votan gobiernos de derecha en el mundo, sabedores que sólo pueden perpetuar la opresión y el destino fatal que aguarda a la humanidad a la vuelta de la esquina… siempre y cuando no se dé un proceso revolucionario global que acabe con el orden y el establishment guerrerista del imperialismo yanqui-europeo”.

La alianza comunista se ha comprometido a que los ingresos per capita crecerán a $ 5.000 anuales desde un magro $ 862 en la actualidad. Para lograr tal objetivo se implementarán programas educativos, de salud y empleo, con dinero ahorrado de la corrupción que se eliminará de la esfera estatal, procurando incluso la repatriación y regreso de 2 millones de nepalíes que se encuentran en el exilio huyendo de la guerra, la pobreza y la depravación humana generada por los corruptos gobiernos pro-capitalistas y pro-yanquis que dirigieron el rumbo del país en los últimos cincuenta años.

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