Estado de Israel: asesino, terrorista y cobarde

por Alvaro Correa

El “invencible y heroico” ejército de Israel, munido de la mejor tecnología e informática a la hora de asesinar y sojuzgar, continúa sus sangrientas masacres de indefensas familias palestinas, a la vez que viola todas las normas del derecho internacional en sus asentamientos en Gaza y Cisjordania. El 15 de diciembre pasado, un francotirador israelí acertó una bala de gomaen el cerebro de Mohammed al-Tamimi, un joven de sólo 14 años, primo de la niña palestina que ha cobrado notoriedad en todo el mundo por defenderse con bofetadas y torpes pellizcones de los asaltos y ataques de soldados israelíes. El hecho ocurrió en la aldea de Nabi Saleh, lugar que los israelíes vienen invadiendo y sometiendo desde hace más de 20 años, causando sequías y sembrando el horror entre sus 200 familias. Mohammed entró en coma inducido y los médicos no le han dado un buen pronóstico.

Luego del tiroteo, casi todo el pueblo estalló en una revuelta y comenzó a arrojar piedras a patrullas del ejército, encabezando la rebelión la adolescente de 16 años, que suele encabezar las protestas (más que protestas, intentos desesperados por defenderse de la agresión) espontáneas que se dan a toda hora contra las fuerzas criminales de Netanyahu. Ahed se acercó a dos soldados, los insultó y les exigió que se marcharan de su casa, procurando abofetearlos y patearlos. Los soldados la ignoraron, y sabiendo que estaban siendo filmados, eligieron escapar para regresar a las cuatro de la mañana, y al mejor estilo de los servicios parapoliciales-judiciales de Mauricio Macri, irrumpieron en la casa de los Tamimi, sacando a Ahed de la cama para llevarla a un centro juvenil de detención. Allí se apropiaron del celular y la tablet de la joven, así como de todos los dispositivos electrónicos que encontraron en la casa, arrestando también a sus padres, que intentaron en vano evitar el arresto de Ahed. Es que sus actos de resistencia son considerados una afrenta para Netanyahu, el matón y mafioso líder ultraderechista israelí, y para todo su séquito de asesinos descerebrados.

El juez Lidor Drachman, del tribunal militar juvenil de Judea, en un extraño y escalofriante paralelismo con los procedimientos y chicanas jurídicas de la administración de justicia macrista, manifestó que si bien Ahed no representaba ningún peligro para los soldados israelíes, le preocupaba que pudiera entorpecer la investigación, justificando de este modo mantenerla encerrada con “prisión preventiva”. Además, añadió que la considera “una delincuente en serie”, y que fuera de las cámaras y de la escena pública, será interrogada y torturada como de costumbre hace el ejército israelí con todo prisionero palestino que cae en sus manos.

La “mano dura” de Israel, la libertad y cinismo que emplea para matar a mansalva y desarrollar operaciones de Hierro Fundido, saqueos, expropiaciones y mutilaciones, ha exasperado a la mayor parte de la humanidad, excepto a Trump y los lacayos que todavía le chupan las medias a Estados Unidos en su propósito de mudar su embajada a Jerusalén para crear un escenario de confrontación más propicio para los crímenes alevosos del “glorioso ejército israelí”. En efecto, desde que anunció la mudanza, Israel ha asesinado a más de 20 niños y adolescentes (de ambos sexos), hiriendo de gravedad a 3.600 (800 con balas de goma idénticas a las utilizadas por las policías de Bullrich en Argentina, y 200 con balas de plomo, de las que adquirió también el gobierno PRO). Más de 600 palestinos han sido arrestados, prevaleciendo niños y mujeres entre ellos. El último muerto ya cuenta para 2018, y es Sami al-Daduh, un joven de 17 años a quien las tropas israelíes le dispararon en el cuello, partiéndole la médula espinal, causándole de este modo la muerte instantánea. Los medios de comunicación y los líderes de opinión están festejando, porque la cantidad de muertos palestinos que llevan ha logrado revertir el desproporcionado crecimiento vegetativo de la población palestina, que demográficamente representa un peligro para la existencia israelí. Así, a este ritmo de genocidio, no tienen de qué preocuparse. Mientras tanto, el mundo contempla atónito cómo Israel sigue adelante con su masacre y sus aberrantes crímenes de guerra, entre los que cabe incluir la captura, secuestro y tortura de Ahed Al Tamimi. Desde Maldita Realidad, sólo podemos expresar un grito: “¡Liberen a Ahed, israelitas cobardes!”

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