Jimmy Morales, servil y rastrero

por Alvaro Correa

En un acto de lameculismo cuidadosamente orquestado por los yanquis, el cómico Jimmy Morales, presidente de Guatemala, acompañó a su par yanqui al decidir trasladar su embajada en Israel de Tel Aviv a Jerusalem. Desafiando la condena de la ONU, y revindicando el recrudecimiento de la represión y crímenes israelíes en territorio palestino, Morales demostró que su reunión con Netanyahu no fue en vano, y obedeció la orden del ultraderechista primer ministro israelí.

Es que sin la ayuda económica que le proveen Estados Unidos e Israel –materializada en armamento y dispositivos para seguir adelante con su guerra sucia- su país se vería envuelto en un caos y descontrol absolutos, y su gobierno tambalearía. Con el apoyo de los principales asesinos de la humanidad, su lugar en la presidencia parece seguro, a salvo de las continuas protestas y sublevaciones de los ciudadanos víctimas de sus políticas de ajuste y saqueo. Es que la corrupción de su gobierno y entorno ha alcanzado niveles inauditos –superando incluso los alcanzados por Mauricio Macri en Argentina-, y desde 2015 una comisión internacional contra la impunidad se encuentra en su país tratando de penalizar y castigar los chanchullos y desfalcos de su gabinete.

Su registro personal de actos de corrupción abarca todo tipo de delitos, si bien la cárcel sólo le llegó a su hermano y su hijo, y por emitir facturas falsas. Jimmy, que se cree simpático y vivo, echó del país al jefe de la Comisión pero el Tribunal Constitucional anuló su decisión, y mientras el pueblo le demuestra todos los días su aversión, intenta por todos los medios congraciarse con Trump para ser una colonia más, compitiendo en estas lides con Honduras cabeza a cabeza.

Con una historia convulsa y sangrienta, Guatemala sobresale entre los países de la región, al ser el que más muertos han causado las sucesivas dictaduras que han conducido el país desde el golpe de la CIA y la United Fruit Company a Jacobo Arbenz, en la década del ’50. Desde entonces, los boinas verdes estadounidenses y mercenarios israelíes han brindado su know how a las fuerzas armadas y policías guatemaltecas para torturar y aniquilar indígenas indefensos y supuestos comunistas.

Más allá de la convergencia de los intereses de la nueva oligarquía militar y las multinacionales estadounidenses, la amplitud de los métodos de represión, las violaciones masivas y repetidas de los derechos humanos y la diplomacia del Uzi (en referencia al potente y célebre fusil de asalto israelí utilizado por las fuerzas represoras guatemaltecas) han caracterizado el devenir de este país centroamericano, que supo dar eximios escritores a la humanidad, como Miguel Angel Asturias.

La asistencia militar israelí a Guatemala comenzó en 1971, y nunca se detuvo hasta la actualidad, sino que se acentuó en el período en que James Carter interrumpió totalmente la venta de armas, enterado de los genocidios emprendidos por los militares guatemaltecos. Las masacres y destrucción de más de 300 pueblos indígenas –principalmente de campesinos mayas-, testimoniadas por diversas organizaciones internacionales, no detuvo el flujo de ayuda militar israelí y provocó masivos desplazamientos de poblaciones aterradas que buscaron refugio en el sur de México. Se sabe, incluso, que las armas israelíes mataron más gente en Guatemala que en todas las guerras y crímenes cometidos en su propio territorio y en los de sus vecinos Líbano y Siria.  Las atrocidades cometidas por los militares guatemaltecos –bajo la dirección técnica del Mossad- suscitan escozor y rabia. A su vez, el territorio guatemalteco sirvió como base de entrenamiento para las fuerzas contrainsurgentes –los famosos “contras”- que se dirigieron a combatir a los pueblos alzados en armas en países vecinos como Nicaragua, El Salvador y, en menor medida, Honduras.

La Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) del conflicto guatemalteco reveló que la guerra sucia en el país se saldó con el desplazamiento de un millón y medio de personas y la muerte de 200.000 –el 93% víctimas de los grupos paramilitares y el ejército armados por Israel- Aunque la tragedia se desarrolló a lo largo de más de tres décadas, los picos más atroces de violencia provocados por la estrategia de tierra quemada se desarrollaron entre 1980 y 1983, bajo los gobiernos militares de Lucas García y Ríos Montt, condenado por genocida y destacado admirador del ejército israelí.

Actualmente, Morales no sólo evadió cualquier tipo de explicación al gobierno israelí, sino que se adelantó a varios de sus colegas para agradecerle a la entidad sionista los criminales servicios prestados a la agonizante nación guatemalteca. Se comenta que el gobierno israelí lo premiará como el gran genuflexo que es, y llegado el caso, si se le complican las cosas en la presidencia, lo rescatará en un helicóptero y se lo llevará a la tierra prometida para que sea un “colono” más, y que se entretenga matando palestinos.

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