Nota bárbara

Por Máximo Redondo

La sed repele mis sentimientos, impide que divaguen mis emociones. El fuerte anhelo de agua fría somete la intención de escapar al vacío. Sudo más que lo que bebo, meo como un cosaco borracho, con una jaqueca golpeando las puertas del ingenio. El guardián se parece a Quevedo y no me deja ingresar. Prefiere disolver mi dolor de cabeza en una admonición absurda. Jugar con mi memoria a que la vida es grata y que merece dedicación y preocupaciones. El futuro se acerca firme y posesivo. Despacio abre la boca para tragarme y anunciar que las pasiones han caducado. La mercantilizacion de la vida me aterra, no me sume en una depresión inmunda. La gloria del coito se esfuma. Las ruletas se vuelven locas y salen números imposibles. No puedo retroceder ante la fe en Dios o en los ídolos juveniles. Enfrento a los grupos de fanáticos confiado en mis fuerzas sublimes. Paseo de rodillas por el corazón de la ciudad buscando la piedad de los deshonestos (así pierdo todo un día). Me ato a una reja de la Casa Rosada para denunciar las estafas y la codicia de quienes actualmente la poseen. Típicos patrones de estancia que jamás trabajaron, nenes de papá de mentes enclenques, nacidas para los delitos más ruines. Es momento de plantear una queja o armar una protesta que logren sus propósitos: eyectar a los malditos con pilotos automáticos o darles el castigo que decida el Comité Central del RAM. ¿Qué es esa cosa de un gobierno de oligarcas que está cagando al pueblo, robándoles hasta a los jubilados? Pues eso es lo que está sucediendo. Rencor sobre rencor, injusticia sobre infamia, la imposición del “cualquiercosismo” y la idiotez abyecta. La cultura de la papa en la boca de chetos cancheros. La desagradable necedad del ser, el acompañamiento de paralíticos acomodados en puestos gerenciales, además de CEOs que ignoran los derechos humanos. Tristeza infinita por los paisajes de pobreza que se multiplican. Un retablo de periodistas rastreros que alaban la farsa macrista, que se babean con sus sandeces y sus alardes de cretinismo. Ya lo hemos dicho muchas veces pero nos sigue sorprendiendo su permanencia en el puesto. El cariño de los lectores no llega, sólo el débil lamento de un eco progresista que se atrevió a pensar en una sociedad mejor. Hoy los deseos están sepultados en una burocracia tonta y exánime. Un convoy de droga no alcanza a calmarme. La revancha tendrá que ser con alcohol de quemar, del que usamos para incinerar ratas como las que gobiernan la Argentina. Aquí en Maldita Realidad no se jode. Si viene la patota de Bullrich a apretarnos o robarnos nuestras máquinas los engañaremos con trampas venenosas, les aseguramos una muerte jocosa o daños irreparables a sus físicos atléticos. Si caemos en batalla como el Che seremos mártires contentos, sacrificaremos nuestra arma más letal para desarticular la mierda enquistada en la ideología dominante. No nos inquietan las amenazas de Bonadío o de jueces de mala calaña: nos estufan sus dictámenes googleados o plagiados por los trolls de Marcos Peña. Nos importa poquísimo lo que opinen Lilita Carrió o Mirta Legrand. Hoy hemos intoxicado a todos los mosquitos que nos picaron mientras garabateaba esta nota bárbara.

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