Oda al hotel cerca del hospital de niños

Aprecia las camas inquietas,

aprecia las camas que no se ajustan,

que no levantarán la cabeza para alimentarte

o bajarán para inyecciones, o sangre,

o elevarán para ver la pequeña TV,

aprecia la TV del hotel que no abandonará

su murmullo y gritos,

aprecia el baño que no existe,
sólo el lento delivery de pizzas refrescantes al escritorio delantero,

grasientas y goteantes bolsas marrones y claras,

aprecia las máquinas vendedoras,

aprecia el cambio,

aprecia el agua caliente y la calefacción,

o el fuerte fresco que ayuda al sueño inerme.

 

Aprecia el escritorio delantero que sabe
despertar cuando llaman al hospital,

aprecia el teléfono silencioso,

aprecia la oscuridad esculpida

por las gruesas cortinas del día

luego de largas noches de esperar despierto.
Aprecia la espera y luego aprecia la nada

que es mejor que las malas noticias,

aprecia la llamada de despertar a las 6 am,

aprecia dormir bajo techo,

aprecia la tarjeta colgada en la puerta como un susurro,

los labios presionados en silencio,

aprecia las manos del extraño que cambian el sudor de las sábanas,

aprecia la partida.
Aprecia volver a casa a camas deshechas por días,

camas que no resucitarán ni se levantarán,

que yacen allí como un niño debería dormir, sin cámara.

 

Aprecia este desastre que se puede dejar.

 

Kevin Young, traducido por HM

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