Poroshenko, “nuestro hijo de puta” moderno

Por Hugo Muleta

El artículo Ucrania, al borde de la cleptocracia, de Gustave Gressel, publicado en el portal del Consejo Europeo para Asuntos Exteriores, ‘think tank’ con sede en Londres, no sólo denuncia los desfalcos y robos cometidos por Petro Poroshenko, títere impuesto por los yanquis y la patota de la OTAN al frente de la ex república soviética, sino que alerta sobre los riesgos de mantenerse en la inacción ante el avance y la consumación de sus negocios en una gestión de gobierno a la que le cabe perfectamente el calificativo de cleptocracia, sin haber minado un milímetro la influencia de Rusia y Putin en el terreno de operaciones, y sin haber aportado ni una propuesta para recuperar los bastiones separatistas y la “ya perdida para siempre” Crimea.

Gressel advierte que Europa debe empezar a luchar contra las autoridades ucranianas y las estructuras mafiosas del gobierno de Poroshenko, cuyas fuerzas parapoliciales fascistas han aumentado sus ataques contra los activistas anticorrupción, organizaciones no gubernamentales y periodistas que revelan claramente cada uno de los delitos cometidos durante la gestión de Poroshenko, corriendo peligro sus vidas por ello. Al igual que su colega Mauricio Macri, “Porosho” (como lo llaman sus íntimos) ordena arrestos políticamente motivados, fabrica pruebas, organiza razzias, persecuciones e intimidaciones, instruyendo al Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) y la Fiscalía General contra el Buró Nacional Anticorrupción de Ucrania (NABU) a que jodan lo más posible a los opositores.

Las veleidosas e hipócritas autoridades de Bruselas ya han amenazado a Kiev con “cortarle el chorro”, suspender el régimen de visados y congelar sus cuentas bancarias; hasta el momento las elites dominantes que Porosho acomodó en puestos clave de su gabinete se ríen a carcajadas, ya que dichas medidas perjudican mucho más a los ucranianos pauperizados por su gobierno que a él y sus amigos, que tienen todo su dinero y riquezas en paraísos fiscales más seguros que el Banco Europeo.

Los asesinatos de defensores de derechos humanos y líderes de organizaciones sociales son más frecuentes que en Colombia, lo que coloca al frío país con aspiraciones europeístas en un status similar a “otros agujeros de mierda” como El Salvador y Haití, de acuerdo con la hegemónica visión trumpista. Y la verdad es que el empresario chocolatero no se esfuerza por contradecir las apreciaciones del líder yanqui, al decidir irse de vacaciones a las Islas Maldivas con un costo para las arcas del estado de 500.000 dólares durante la primera semana de enero. Lo peor es que el primer ministro ucraniano intentó ocultar su identidad bajo el poco inventivo nombre de Petro Incognito.

Fue el presidente Roosevelt, en 1939, quien creó la doctrina de “nuestro hijo de puta”, cuando para referirse al sanguinario dictador nicaragüense Anastasio “Tacho” Somoza García exclamó “podrá ser un hijo de puta, pero él es nuestro hijo de puta”. Al menos eso informa un número de la revista Time de 1948. De todos modos, algunos historiadores y estudiosos de frases sostienen que Roosevelt jamás dijo semejante barbaridad, o que estaba aludiendo al déspota dominicano Rafael Trujillo. De ahí en adelante, la frase fue ampliamente utilizada por casi todas las administraciones presidenciales estadounidenses para apoyar los gobiernos dictatoriales en toda América Latina. La doctrina fue adoptada por los yanquis sin importar los informes y denuncias de torturas y genocidios de los pueblos (sobre todo índígenas y comunistas). Más allá de cuál sea el trasfondo de la frase, claramente Roosevelt apoyó con armas y dinero a Somoza y su política de las tres P (“plata para los amigos, palos para los indiferentes y plomo para los enemigos”), como ha apoyado a Porosho y su programa de gobierno.

Si bien en las redes sociales fue muy criticado el descanso maldivo de Poroshenko, su vocero aclaró que “el dinero para el viaje y la isla alquilada salió de su cuenta electrónica, declarada públicamente como corresponde ante la ley”, bastando este argumento para acallar a las voces disidentes.

Los think tanks europeos y yanquis ya están trabajando en un plan para presionar a Poroshenko a través de la congelación de sus activos, así como con un supuesto golpe por parte de veteranos de la llamada “operación antiterrorista” —que tiene lugar en el este de Ucrania—, que podría producirse en vísperas de las presidenciales de 2019. En otros términos, están armando la excusa para una nueva invasión y recalentar el frente de guerra con Rusia. Porosho no les sirvió ni les servirá para eso.

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