El cazador solitario

El cazador solitario no usa un abrigo rosa,

pero a la medianoche, negro de capa a espuela,

sobre su yegua de medianoche

zumba un estribillo tintineante

en lugar de contarlo:

“Atraparé un zorro y lo pondré en una caja y nunca lo dejaré salir”.

 

El cazador solitario persigue huellas silenciosas.

Ningún cuerno proclama su deporte aburrido,

y nunca suena una pezuña.
Sus cien huellas, sus miles conocerán a su maestro:

para atrapar un zorro y ponerlo en una caja y nunca dejarlo salir.

Porque todos los trayectos de los zorros los rastreará hasta su guarida.

La caza puede llenar una mañana,

o tres años completos y diez.

El cazador nunca se saciaba de los chirridos a su arzón,

“atraparé otro zorro y lo pondré en una caja y nunca lo dejaré salir”.

 

Ogden Nash, trad. HM

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