¿En qué te has convertido, Estados Unidos?

Por Philip Alston

En un minucioso informe del profesor Philip Alston, Relator Especial de las Naciones Unidas para la pobreza extrema y los derechos humanos, se dan a conocer cifras y estadísticas que revelan un grado de degradación y miserabilidad humana extremas en la principal potencia imperial. Alston recorrió los barrios más pobres de Alabama, California, Virginia occidental, Texas, Los Angeles, New York, Washington DC y Puerto Rico, arribando a las siguientes conclusiones y evaluaciones:

“En la práctica, Estados Unidos está solo entre los países desarrollados al insistir en que, a pesar de que los derechos humanos son de fundamental importancia, no incluyen los derechos que evitan morir de hambre, morir por falta de acceso a una sanidad asequible o por crecer en un contexto de privación total… En conclusión, especialmente en un país rico como es Estados Unidos, la persistencia de la extrema pobreza es una elección política hecha por quienes están en el poder. Con voluntad política, podría eliminarse fácilmente”.

“En Skid Row, Los Angeles, encontré mucha gente que apenas podía sobrevivir; presencié cómo un agente de policía de San Francisco le decía a un grupo de personas sin hogar que se marcharan, pero no supo qué contestar cuando le preguntaron a dónde podrían ir. Escuché cómo a miles de pobres les imponían multas por infracciones menores que parecen estar intencionalmente diseñadas para terminar convertidas en deudas impagables, encarcelamiento y reposición de las arcas municipales. Vi kilómetros de aguas negras en estados donde sus gobiernos no se consideran responsables de las instalaciones de saneamiento. Charlé con personas que habían perdido casi todos los dientes porque los programas de que disponen no cubren la atención dental a los adultos. Me enteré del aumento de las tasas de mortalidad y de destrucción comunitaria y familiar provocada por la adición a medicamentos recetados y otras drogas (principalmente me impactó la cantidad de afectados por opiáceos –principalmente heroína recién traída de Afganistán-. En el sur de Puerto Rico convivi con una aldea que carece de protección alguna al lado de una montaña de cenizas de carbón que les caen encima provocándoles enfermedad, incapacidad y muerte”.

Me puse a averiguar cifras en sitios confiables de Internet y advertí que las tasas de mortalidad infantil de Estados Unidos son las más altas del mundo desarrollado.

Por término medio, los estadounidenses tienen una expectativa de vida menor y sufrirán más enfermedades que las personas que viven en cualquier otra democracia desarrollada, y continúa ensanchándose la “brecha de la salud” entre Estados Unidos y los países de parecido nivel. Los niveles de desigualdad son mucho más altos que en la mayoría de los países de Europa. Las enfermedades tropicales desatendidas, incluido el zika y el chagas, son cada vez más comunes. Se ha estimado que 12 millones de estadounidenses viven con una infección parasitaria no tratada. Un informe de 2017 documenta la prevalencia de anquilostoma en el condado de Lowndes, Alabama. En lo que es un grave problema de salud, el país yanqui presenta la mayor prevalencia de obesidad del mundo desarrollado.

En términos de acceso al agua y saneamiento, ocupa el puesto 36 del mundo. Tiene la tasa de encarcelamiento más alta del mundo, por delante de Turkmenistán, El Salvador, Cuba, Tailandia y la Federación Rusa. Esta tasa es casi cinco veces mayor que la media de la OCDE. La tasa de pobreza juvenil es la más alta de toda la OCDE, con la cuarta parte de los jóvenes viviendo en situación de pobreza, comparado con menos del 14% de la OCDE. El Centro Stanford para la Desigualdad y la Pobreza clasifica a los países más ricos en términos de mercado laboral, pobreza, red de seguridad, desigualdad en la riqueza y movilidad económica. En esta clasificación Estados Unidos se sitúa el último entre los diez países más ricos. En la OCDE, ocupa el puesto 35º de 37 en términos de pobreza y desigualdad. Según Alston, 19 millones de personas vivían en 2017 en la más profunda pobreza (el ingreso total familiar está por debajo de la mitad del umbral de la pobreza). Según la Base de Datos de la Desigualdad Mundial en los Ingresos, Estados Unidos tiene el coeficiente Gini (que mide la desigualdad) más alto de todos los países del mundo. A nivel de pobreza infantil, sus tasas también son negativas y espeluznantes: la Academia Estadounidense de Pediatría dice que más de la mitad de los bebés estadounidenses corre riesgo de desnutrición. El Departamento del Servicio de Investigación Económica Agrícola informó que en 2016 un 38,3% de los hogares con ingresos por debajo del umbral de la pobreza federal padecían inseguridad alimentaria.

“La esperanza de vida ha disminuido en 2016 por segundo año consecutivo, impulsada por un impresionante aumento del 21% en la tasa de mortalidad por sobredosis de drogas, según informaron los Centros para el Control y Prevención de las Enfermedades.
Desde 1962 y 1963, cuando la gripe causó una cifra desproporcionada de muertes, Estados Unidos no había experimentado durante dos años seguidos una disminución de la esperanza de vida”. Alston atribuye gran parte de lo anterior a las opciones políticas decididas por el gobierno de Trump y, más específicamente, al “ilusorio énfasis puesto en el empleo”.

La “basura blanca” ha impuesto condiciones favoreciendo a multimillonarios amigos y empresas oligopólicas vendedoras de armas, y el racista, machista, empresario-energúmeno Trump es el principal responsable de la patética situación que atraviesan millones de estadounidenses.

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