Cómo se genera una guerra

por Hugo Muleta

De una incomunicación total está hecha la vida. Hay un Facebook gate y la gente se viene a enterar ahora de la farsa de las redes sociales. Todos controlados y manipulados por una tecnología hecha para matar, para la ciberguerra que tanto seduce a espías y gobernantes contemporáneos. Se notaba cierta liviandad en las manifestaciones en Twitter, una utilización perversa de los contenidos que los cibernavegantes cuelgan en comentarios y un ciberacoso que le ha roto las pelotas a muchos burgueses que en un arrebato de locura arrojan sus celulares al mar, para comprarse a la hora siguiente un último modelo.

Ahora las mayores amenazas parece que provienen de Rusia o China, para la concepción del mundo yanqui que predomina en América Latina, habiéndose convertido en pensamiento hegemónico la estupidez y el infantilismo de los líderes que encabezan una oleada neoconservadora, neocolonial, de abyección y entrega al trumpismo desbocado. Sus hackers son listos y encuentran agujeros en las estrategias de seguridad del Pentágono. El espía Snowden es un caso emblemático de esta contienda que apenas se inicia y que, Dios mediante, acabará con un apagón informático mundial. El día que desaparezca Internet será de un romanticismo exquisito.

El G-20 se sigue reuniendo, su rumbo se cocina en Buenos Aires, la capital política mundial de la CEOcracia mafiosa que se ha acomodado en diferentes gobiernos, dispuesta a perpetuar el sinsentido de organismos como la OCDE, OMC, FMI, Banco Mundial, todos al servicio de las transnacionales y grandes plutócratas con fortunas en guaridas fiscales. El presidente yanqui de Perú renuncia ante la aparición constante de pruebas y videos que ratifican sus conductas de avezado coimero, lo que se considera ahora incompatible para el cargo. Habiendo armado el lío de separar a Venezuela de la próxima Cumbre de las Américas, se retirará seguramente a su patria para profugarse como su compadre Toledo, quien anda escondido detrás de las polleras de la diplomacia yanqui. Estas son postales de una patética realidad continental. El pueblo inca no merece semejante rejunte de crápulas desfilando por la presidencia (el argentino tampoco). El sueño de Mariátegui y las ilusiones de César Vallejo se pudren en los delirios de los borrachos. El caso Odebrecht, el “descubrimiento” de la dinámica de la corrupción, fotocopiada en casi todos los países, es la escupida de Brasil a la integración sudamericana, es la demostración que su capacidad de corrupción es elevada y se amolda fácil al “american way of life”. Por algo Temer está propiciando el ingreso de marines y boinas verdes al Amazonas. Allí van a aniquilar varias comunidades y tribus en estado de salvajismo que les plantearán batalla. Tal vez Trump decida bombardearlos con un dron.

Entretando, a Sarkozy lo está interrogando la policía francesa hace 48 horas para averiguar lo que es “vox populi”, cuantiosos aportes del extinto líder libio Muammar Kaddafi a su campaña presidencial de 2007. Tan sólo cuatro años después, “Sarko”, como lo llama cariñosamente la comunidad judía, conchabó a varios de sus asesinos, dando su aval a la destrucción e invasión de Libia, lo que le permitió al país galo reapropiarse el petróleo y gas del país norafricano. Esta traición no puede quedar impune, entienden los historiadores y analistas políticos libios. Las huestes islámicas están rabiosas y han heredado el orgullo y la visión nacionalista y soberana de su querido líder. Los sobrevivientes tripolitanos de su familia ahora están volviendo al ruedo y juraron venganza. Un brujo diría que la situación de Sarkozy no es casualidad. Pero el placer de dejar la memoria del general Kaddafi tranquila se logra de otra manera: son unos cuantos aún los que tienen que caer, muchos en Londres y Washington. Hay mucho trabajo para suicidas y niños terroristas, lo que necesitan los vendedores de armas estadounidenses para seguir justificando su existencia y la generación de guerras por parte de la primera potencia mundial.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *