La ralea de la ministra de PPK

Por Alvaro Correa

Su nombre es Lucía Cayetana Aljovín Gazzani, es la canciller peruana oligarca, proyanqui y corrupta que ha convencido a sus jefes Donald Trump, Rex Tillerson y PPK (el presidente peruano yanqui), de que se hará cargo de la voz del “Grupo de Lima”, engendro nacido a raíz de una propuesta conjunta de la CIA y la OEA para minar la resistencia heroica de la Revolución Bolivariana en Venezuela. Es la única ministra que se mantuvo en el gabinete desde que el burócrata de multinacionales ladronas asumió la presidencia, habiendo ya ejercido el cargo en Desarrollo e Inclusión Social, dejando en su partida millones de peruanos excluidos e infradesarrollados. Luego ocupó un puesto similar en el ministerio de Energía y Minas, más jugoso, que le permitió concretar varios negociados, hasta que recaló en Relaciones Exteriores, arrancando su labor con un discurso avieso y antipatriótico.

Toda su familia materna, así como la paterna, han estado involucrados en casos resonantes de corrupción, condenados por delitos de prevaricato, enriquecimiento ilícito, asociación ilícita, peculado, y una lista infinita de crímenes financieros. Y es que sus primos y tíos se formaron junto a PPK en los predios de David Rockefeller y otros judíos usureros de Wall Street, donde aprendieron el ABC de la evasión y la fuga de divisas, el lavado de dinero y la colocación de activos en paraísos fiscales.

Desde 2008 a 2015, PPK fue miembro del directorio de la cervecera de la familia de la ministra, y en charlas ejecutivas planificaron su lanzamiento a la política para plasmar los planes neoliberales impuestos por Washington. Si uno quiere conocer las venas racistas y antisocialistas de la familia de la canciller, puede rastrear su Facebook y encontrar comentarios de una bajeza abismal.

Si uno busca su formación educativa, encontrará que Lucía Cayetana estudió en el colegio Villa María, y en el Georgetown Visitation School, ubicada en Washington, D.C., instituciones que sembraron y cultivaron su visión del mundo tan miserable como proyanqui, sobre todo en tiempos de Trump.

Si se apela a su historia sentimental, se hallará que estuvo casda con Fritz Du Bois Freund, una especie de Magnetto incaico, dueño del emporio mediático de El Comercio y Perú21, que todos los días denigran e injurian a Cuba y a las masas chavistas.  A su velatorio acudieron todos los ex presidentes peruanos corruptos, en su amplia variedad de situación actual (un indultado –Fujimori-, un prófugo –Alejandro Toledo-, un encarcelado –Ollanta Humala- y un mafioso impune –Alan García-). A estos hay que agregar la asistencia de PPK, exonerado por la intervención del hijo rebelde de Fujimori. Todos formaron parte activa del equipo de inteligencia del monje negro Vladimiro Montesinos, y son responsables de varios crímenes de lesa humanidad, mucho peores que los que atribuyen al camarada Gonzalo.

Du Bois Freund se enamoró de Aljovín Gazzani en la Secretaría General del Ministerio de Economía, donde ambos se doctoraron en “tráfico de influencias” y “desfalco de las arcas del Estado”, ejerciendo varios cargos en empresas privadas, a la vez que administraban fondos públicos, sacando provecho de su situación privilegiada con tajadas de dinero millonarias que volaron a sus guaridas fiscales, como buenos admiradores de “fondos buitres”.

En 2012 la pareja fue relacionada con el fraudulento proceso de salvataje del Banco Latino, de acuerdo a la denuncia de la Comisión que investigó los delitos económicos del período de Fujimori, el cual le costó 500 millones de dólares al Perú. La lista de hechos de corrupción en los que participaron como protagonistas es extensa y sólo debería tener interés para el Poder Judicial peruano, aún cuando se encuentre en estado de absoluta putrefacción. De todos modos, es su currículum profesional y su historia empresarial los que explican su antiMadurismo y su rol actual de pérfida traidora de la patria grande sudamericana.

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