Aventuras de Isabel

Isabel encontró un oso enorme,

Isabel, Isabel no se preocupó,

el oso tenía hambre, el oso era voraz,

la boca grande del oso era cruel y cavernosa.

El oso dijo, Isabel, me complace encontrarte,

porque Isabel, ¡ahora te comeré!
Isabel, Isabel no se preocupó.
Isabel no gritó ni huyó.
Se lavó sus manos y se enderezó el pelo,

luego calladamente Isabel se comió al lobo.

Una vez, en una noche oscura como el cadalso

Isabel encontró a una vieja bruja pervertida.

El rostro de la bruja estaba atravesado con arrugas.

¡Ho, ho, Isabel! aulló la vieja bruja,

¡te convertiré en un sapo horrible!
Isabel, Isabel no se preocupó,
Isabel no gritó ni huyó,

no mostró rabia ni rencor,

pero convirtió a la bruja en leche y se la tomó.

Isabel encontró un espantoso gigante,

Isabel continuó confiada en sí misma.

El gigante era peludo, el gigante era horrible,

tenía un ojo en el medio de la frente.

Buen día, Isabel, dijo el gigante,

moleré tus huesos para hacer mi pan.
Isabel, Isabel no se preocupó,
Isabel no gritó ni huyó.
Mordisqueó el bizcocho del que siempre se alimentaba,

y cuando se daba vuelta le rebanó la cabeza.

Isabel encontró un doctor problemático,

la golpeó y empujó hasta que realmente la conmovió.

El habla del doctor era de toses y escalofríos

y su cartera estaba repleta de píldoras.

El doctor le dijo a Isabel,

trágate ésta, te hará bien.

Isabel, Isabel no se preocupó,

Isabel no gritó ni huyó.

Tomó aquellas píldoras del pastillero
y calmadamente curó al doctor.

 

Ogden Nash, traducción: Hugo Müller

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