Mi fan favorita

Siendo escritor recibo dulces cartas de gente de cada tierra,

algunas son tan extrañas que apenas lo puedes creer,

y otras difíciles de entender:

pero como un hombre conciente,

tipeo mi agradecimiento a todas las que puedo.
Así, cuando tuve un garabato extranjero

atravesado como la red de una araña en la página,

dije: “Esto es lo peor de todo,

sin duda un niño de tierna edad lo ha escrito,

así que seré amable, y le daré una respuesta a su mente”.

Rápidamente tipeé una bonita respuesta

y pensé que debería ser el fin,

pero ya en el tramo final me confundí,

si tenía que firmar la carta: “tu amigo”,

y con ello, lleno de gracia femenina

la instantánea de una cara encantadora.

“Tengo miedo” me escribió ella,

“de que estés por seguro sorprendido de mi pobre escritura…

Verás, mis brazos y piernas están paralizados:

con la lapicera sostenida en una especie de vaina

hago mi escritura con los dientes”.
Si bien la tristeza sucedió a mi asombro, y a la pena también,

debo confesar que la mirada que iluminaba su rostro sonriente

era de una felicidad plena…

¡Oh, espíritu de una heroína!
Tu sonrisa tan tierna, tan divina,

rezo porque nunca deje de brillar.

 

Robert William Service, trad. HM

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