Resfrío común

Ve a colgarte, ¡tú, viejo doctor!
No deberías burlarte de mí.

Recoge tu sombrero y estetoscopio,

ve a lavar tu boca con jabón de lavandería,

contemplo una diversión exquisita,

no le estoy pagando por su visita.

No lo llamé para que me diga

que mi mal es un resfrío común.
Con la frente bombeando y el labio hinchado,

con el calor de la fiebre y agarre escamoso,

por aquellos dos ojos rojos redundantes

que lloran como tristes cielos de abril,

por las dolorosas inhalaciones, resoplidos y estornudos,

por pañuelo tras pañuelo,

este resfrío que usted desplaza como nada

¡es el más condenado resfriado que jamás un hombre cogió!
Escuche, usted, ¡científico fósil!
Aquí está el genuino Resfrío Colosal,

el resfrío con el que sueñan los investigadores,

el Resfrío Perfecto, el Resfrío Supremo.

Este sistema honrado humidemente sostiene

el Super-resfrío que acabará con todos los resfríos,

el Resfrío Cruzado por la Democracia,

el Führer de la Streptococcracia.

Los bacilos pululan dentro de mis puertas,

del modo en que jamás lo concibieron los mortales,

pero alimentados por los científicos sabios y canosos

en algún laboratorio olímpico,

la bacteria tan grande como los ratones,

con pies de fuego y cabeza de hielo,

que jamás se interrumpe para dormir

en su pataleante rumba elefantina.

 

¡Un resfrío común, en verdad, oh!
Ah, sí. Y Lincoln fue empujado por Booth,
Don Juan fue un galán en ciernes

y las obras de Shakespeare muestran signos de talento,

el invierno del Artico es bien frío.

¡O, qué historia de burla para el hombre que minimizó el Resfrío de los Resfríos!

 

Ogden Nash, traducción Hugo Müller

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *