Segunda jornada mundialista

¡Qué no ni no, siempre Uruguay!

Uruguay, a lo Uruguay, jugando para el orto y con el subnormal Suárez sin embocar una pelota (el arquero egipcio le ganó varios mano a mano, robándole fácilmente la pelota como quien le saca caramelos a un niño), se impuso en el último minuto con un cabezazo arremetedor de Giménez que lo festejó con toda la garra charrúa en el grito y en la piel. Enfrente, el tibio conjunto egipcio, diseñado para demostrar una cultura futbolística caprichosa de estilo faraónico, no puso en la cancha a la estrella Salah, que parecía haberse recuperado de la toma de catch que le propinó el sucio defensor del Real Madrid y la selección española, Sergio Ramos, que se lleva el mundo por delante porque se lo permite su rol de jugador prepotente y salvaje, con enorme solvencia bancaria. No se entiende la omisión del técnico argentino Héctor Cúper, eterno perdedor de finales y simple partenaire de equipos sublimes que siempre lo vencen con un esfuerzo espurio o la ayudita de un árbitro o dirigente. Si el hombre estaba para correr y penetrar a la defensa uruguaya, más que para reírse en el banco y sufrir el aguante de su selección ante un elenco uruguayo que sólo sacudió la modorra de los espectadores rusos, borrachos como una cuba, con un remate de Edison Cavani, su otro artillero qua anduvo medio errático.

La soberanía iraní se impuso

En el segundo partido de la jornada, primer encuentro exclusivo del mundo islámico en el mundial, Irán calcó la estrategia uruguaya: jugar horrible y ganar con un bochazo casual en el último suspiro (esta vez, además, llegando al gol gracias a la gentil colaboración de un defensor marroquí que será excomulgado del Reino por Mohammed VI, monarca autócrata y déspota si los hay). El seleccionado iraní ya demostró en el anterior mundial ser un hueso duro de roer hasta para Messi y sus muchachos. Ganarles en Brasil fue un sufrimiento que no olvidaremos. El fútbol iraní es bello y corajudo, su religión es hermosa y la cultura persa subyugante. Tiene un número dos con peinado mohicano que tiene los huevos bien puestos para jugar con botines rosa flúo brillantes. En la cultura oriental estas preferencias se ven como deslices que merecen ser castigados con autoflagelaciones severas. De otro modo no se explica el fracaso de la Primavera Arabe. El estilo de juego marroquí es alegre pero tibio, tiene un nueve negro parecido a Tchami que no le hizo ni cosquillas a la férrea retaguardia del Eje del Mal. El gran Ayatollah Khamenei felicitó al equipo y a su entrenador portugués, por el amor que demostraron por la camiseta y el país. Los aficionados iraníes en las gradas mantuvieron sus rostros de pocos amigos y celebraron la victoria en recogimiento, orando a Alá y escuchando música árabe barroca para escapar de las horribles canciones occidentales que se escuchan en los hoteles y todos los estadios del mundial.

Estrella, millonario y yogui

La jornada se cerró con un partidazo: un 3-3 entre España y Portugal, en el cual los relatores desplegaron una catarata abrumadora de elogios desmedidos al fútbol de España y a la calidad técnica de Cristiano Ronaldo. En general, el clásico de la península ibérica se juega con los dientes apretados y la mente pensando en resguardar la valla propia. Suelen cuidarse más de lo aconsejable, armando partidos aburridísimos, donde la pelota recorre el campo sin ton ni son. Pero aquí, al menos en la apariencia, se pusieron las pilas y verlo fue bastante entretenido, por lo cambiante del marcador y las emociones que se desataron a granel en el campo de juego. España demostró tener en Diego Costa a un 9 Pitecantropus al que le está permitido, al igual que a la mayoría de sus compañeros, pegar arteros codazos a cueveros desprevenidos , y de vez en cuando dar una “paralítica” que deje secuelas en el físico del adversario. Eso no quita que haya convertido un golazo espectacular, y que haya exhibido sus dotes de oportunista. Más variopinto fue el registro de los tres goles del engolado Cristiano (uno de penal, uno gracias a la colaboración de De Jea, que parece que se dejeó hacer el gol; y un último de tiro libre que fue impresionante, aún tomando anabólicos y con lo que permite la tecnología en pleno siglo XXI). El tipo hizo unas respiraciones yoguis impactantes antes de avanzar hacia la pelota, que hizo una parábola de fantasía antes de clavarse en el ángulo de Dejea, bien cerca del final, para aclarar que es y será uno de los principales protagonistas de esta cita máxima del futbol mundial, que es Rusia 2018.

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