El Palacio

Hombres mugrientos con picos y palas

que en la oscuridad transpiran ocultos,

trepan desde tus piojosas casuchas,

construyen un palacio para la reina,

elogio los poderes que ofrecen

para darte una oportunidad de ganarte la vida.

 

Aún sería mucho mejor que pudieras construir

con señuelo acogedor viviendas celestiales

donde están las madrigueras de los pobres,

con esperanza luminosa como una gema

algún día deberías vivir en ellas.

 

La reina sólo podría decir:

‘Tengo un montón de ricos palacios.

No me hagan más, levanten una hostería alta como el cielo,

que albergue a los cientos que tienen necesidad,

presten atención a su miseria’.

Ella podría hacer este fino gesto

hacia el pozo donde la labor es denigrante,

los corazones de las madres deberían cesar de languidecer,

los hombres cansados deberían agitar sus palas.

Todos deberían gritar con esperanza serena:

‘¡Pequeños niños, bendigan a la Reina!’

 

traducción de Hugo Müller

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