El protagonista y el pan de molde

Moko, el Mono Educado, está aquí,

la mascota de vodevil, así dicen los posters,
y cada noche la gente abierta paga para verlo aparecer en su panoplia,

para verlo rellenar su panza con delicada alegría,

fumar su cigarro, beber champán y balancearse como un caballero,

todo en el escenario, para luego ovacionarlo con brutal e impúdica mirada.

Y como esta noche, abarrotado con noble conocimiento,

estoy en medio de este compost humano que toma mi lugar,

yo, una vez poeta, ahora tan muerto y condenado,

las lágrimas tristes medio congelándose en mi rostro:

“¡Oh, Dios!” me lamento, “déjame sólo tomar su figura,

la de Moko, el Mono Educado, el más bendito”.

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