Omisión

¿Qué hombre no ha traicionado alguna confianza sagrada?
Si afortunadamente estás hecho de polvo honesto,

no te jactes de la debida gloria del triunfo obtenido:

Piensa, piensa en los deberes que has dejado sin hacer.

Pero si en esperanza compasiva a pesar de tu pecado

se abren las puertas del Cielo para dejarte entrar:

Reza, ora para que cuando Dios lea tu debido juicio

se olvide las buenas acciones que jamás has hecho.

Los pecados de omisión pueden ser los más amargos,
y acongójate en el recuerdo de un corazón opresor,

porque cuando la dulce piedad se compadece

nos impide arrepentirnos demasiado tarde,

demasiado tarde para los buenas obras que no hemos realizado.

 

trad. Hugo Müller

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *