Ucrania y Argentina: ¿hermanas mellizas?

Desde el golpe de estado a Yanukovich, acostumbrado a conducir mafias como la que se posesionó de la presidencia con Poroshenko, la economía y la vida cotidiana de los ucranianos se ha convertido en una aventura espeluznante, donde los ciudadanos tienen que sobrevivir a la escasez de alimentos, la violencia racial y política de bandas protofascistas que manejan la seguridad y defensa del país. El gobierno del plutócrata chocolatero es una muestra más del intervencionismo y la injerencia yanqui en Europa Central para contrarrestar el avance demoledor de la Rusia de Putin.

Con una guerra inconclusa, a ratos recalentada, la situación global del país da cuenta de que el 80% de la población ha caído en la pobreza extrema, con una inflación desorbitada y aberrantes atropellos a los derechos humanos, con una tasa enorme de encarcelamientos de comunistas. “Porosho” maneja el país como si fuese una empresa privada, y ha provocado una auténtica catástrofe, con sugestivos paralelismos con la gestión de Mauricio Macri en Argentina, por su corte delictivo y su entrega absoluta de soberanía a la OTAN, el FMI y Estados Unidos. Entre sus prácticas siniestras, armó un servicio de inteligencia con agentes secretos que asesinan opositores sin empacho ni contemplaciones. Su última víctima ha sido Aleksandr Zajarchenko, el heroico líder de la autodenominada República Popular de Donetsk, quien el viernes pasado fue víctima de un atentado perpetrado en el café Separ, donde solía organizar reuniones de trabajo con funcionarios rusos y bielorrusos.

Según la agencia Interfax, la Policía acordonó la zona y cortó el tráfico en las calles aledañas, y ya ha detenido a varios sospechosos de estar vinculados con el atentado, los cuales están siendo interrogados por las autoridades donetskas. Además de Zajarchenko, murió la camarera del bar, y once parroquianos resultaron heridos, entre los cuales se destaca Alexandr Timoféev, ministro de Ingresos y Tributos de Bielorrusia. Denis Pushilin, presidente provisional del Consejo Popular de Donetsk, aseveró que el atentado es una nueva agresión de Ucrania, aseguró a sus compatriotas que no quedará impune y que la venganza será dolorosa para los seguidores de Porosho. En respaldo a estas declaraciones, la bella portavoz de la cancillería rusa, María Zajárova, declaró que estos crímenes son moneda corriente en territorios ucranianos pro-rusos, y que esa es la manera en que los servicios secretos occidentales eliminan a los disidentes.

Ayer más de 200.000 simpatizantes del ejército de liberación asistieron al funeral del líder donetsko par dar el último adiós a un hombre amado por su valentía en combate, su claridad ideológica, su fe en Dios y su destreza en el manejo de armas blancas. El servicio fúnebre se llevó a cabo en el imponente Teatro de Ópera y Ballet, ubicado en el centro de la ciudad de Donetsk. Zajárchenko ocupaba el cargo de líder de la República de Donetsk desde noviembre de 2014, y había recibido la solidaridad de gobiernos socialistas de todo el planeta. Junto a Lugansk, es la única región ucraniana que logró resistir con éxito los embates de las huestes de Porosho. Si bien son blanco de una guerra económica, de un cerco informático y de un boicot político, gracias a la ayuda rusa vienen aguantando estoicamente las operaciones militares esporádicas que realiza Kiev para recuperar y unificar un país más desmembrado que Siria. Entretanto, se pronostica que Ucrania entrará en default en los próximos días, y que Poroshenko no ha de sobrevivir al próximo invierno, hallándose en un callejón sin salida por las enormes deudas que contrajo Ucrania durante su gestión y su abultado prontuario de delitos contra la “cosa pública”. El escenario actual es de megadevaluación, oleada de quiebras de empresas estatales (y su correspondiente “privatización”), destrucción y licuación de los ahorros de los uncranianos, aumento masivo de la desocupación y saqueos diarios a almacenes y supermercados. En medio de la bancarrota del banco central, el país se desliza a una hiperinflación de escala zimbabuense, idéntica a la que está entrando la Argentina macrista.

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