Colonia islera suiza

Un grupo de ex estudiantes de una escuela secundaria se reunieron para conmemorar los cuarenta años de su obtención del título. La mayoría ya empezaban a cumplir décadas. Eran residentes de la provincia de Buenos Aires en la juventud, a algunos los destinos de sus vidas los llevaron para experimentar en otras jurisdicciones, incluso en Suiza.

Se propusieron fundar una colonia suiza en el delta del Paraná. Una oferta de una casa de noventa metros cuadrados y un lote lindante, ofrecida a ochenta y ocho mil dólares, disparó la fantasía de unión en la compra de la misma, buscaron un contrato de tiempo compartido y distribuyeron las cincuenta y dos semanas anuales entre el grupo. El que deseaba sólo una abonaba dos mil quinientos dólares, el que deseaba diez semanas abonaba veinticinco mil; hubo cuatro que aportaron el mayor volumen de la inversión, los noventa mil dólares para tomar posesión y los gastos de comisión de la inmobiliaria y de escritura de los dos inmuebles. Constituyeron una sociedad de responsabilidad limitada, cuando tenían definida cuarenta semanas de las cincuenta y dos. Disconformes con todos los métodos de reserva de valor de la Argentina, con su inflación sistemática en pesos y en dólares, idearon un franco isleño. El que lo deseaba, podía adherirse a esta unidad de ahorro. La sociedad convertía los pesos equivalentes a mil dólares, en un certificado autentificado por escribano, que representaba a trescientos dólares de oro, trescientos dólares convertidos en euros, trescientos nueve dólares en acciones de la bolsa y un dólar en cripto moneda. La casa comprada de noventa metros cuadrados, ya arreglada valía ciento ochenta mil, cada acción de la sociedad se valorizó en un cincuenta por ciento. La Sociedad Isleña Suiza construyó cinco casas alpinas en el terreno lindante, una de ellas, la del fondo, donde residía el casero, se podía abonar el alquiler con cripto moneda. El que lo deseaba podía comprar algunas de las cuatro casas en treinta mil dólares, con un sistema de propiedad horizontal; pero los cuatro inversores de mayor influencia adquirieron estas casas alpinas a medida que se iban vendiendo los tiempos compartidos de la casa original.

La colonia isleña suiza, termino siendo un proyecto de trescientos mil dólares; que incluía la casa original, su reparación, adquisición del lote lindero, la construcción de las cinco casas alpinas. Según un especialista en criptomonedas, Wenceslao Casares, habría que destinar uno por ciento de sus ahorros en alguna moneda virtual, y así se invirtió tres mil dólares. Esta sociedad de inquietos emprendedores vivos, empezaron a realizar programas de radio virtual, y los ubicaron en emisoras europeas de la nube, con temáticas muy variadas: enseñaban a efectuar programas de radio, ejercitaban no sólo los idiomas que practicaban los suizos, sino los de otros países europeos, y algunos de sus regionalismos. Los incitaba a estar seis meses en Suiza y el otro semestre en nuestro país de origen.

A algunos los atraía esta nueva unión comercial, repasar y revivir la fuerte experiencia de la escuela secundaria, a otros dejar de ser prisioneros de un hermoso pasado para generar futuro, para sí o sus familiares más directos y fundamentalmente, luego de cinco años de una sana interacción cultural y económica con la sociedad suiza, generar una jubilación más digna que la ofrecida por la imprevisible sociedad argentina.

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